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Un estudio asegura que comer pizza en el trabajo mejora la productividad

Sin embargo, ofrecer dinero extra como incentivo supone una bajada de rendimiento en el trabajador.

¿A cuánta gente conocemos que le motive ir a trabajar? En España, las largas jornadas laborales y la falta de cualquier tipo de recompensa o novedad convierten el trabajo para la mayoría en una prisión en la que se cobra dinero por acudir. Para cambiar esa concepción, son necesarios muchos factores de los que carecen los trabajadores en su día a día. Lo que no sabíamos, es que uno de ellos podría ser comer pizza en el trabajo

Así lo asegura Dan Ariely, catedrático de psicología y economía nacido en Estados Unidos y criado en Israel, en su libro 'Payoff: The Hidden Logic That Shapes Our Motivations' ('Recompensa: la lógica escondida que desarrolla nuestras motivaciones'). En él, tira por la borda convencionalismos tales como que el dinero es lo único que nos mueve a la hora de aumentar nuestra productividad, además de encontrar en la pizza la solución a todos los males laborales

Pizza 1-0 Dinero extra

Para llevar a cabo esta afirmación, Ariely realizó un experimento en una empresa tecnológica israelí. La compañía era perfecta para su estudio porque se dedicaba a instalar chips en ordenadores, y debían cumplir con un mínimo al día. Es decir, Charles Chaplin en 'Tiempos modernos', pero con chips en vez de tuercas. 

Chaplin podría realizar una segunda parte de 'Tiempos modernos' en la actualidad y no desentonaría

En su experimento, la empresa ofrecía tres incentivos diferentes al 75% de trabajadores al inicio de la semana si cumplían el objetivo: una pizza, halagos y reconocimiento del esfuerzo, o unos 30 dólares más. El 25% restante pasaban la semana como otra cualquiera, desempeñando su función sin una mísera palabra de sus superiores.

Los resultados del primer día fueron ya sorprendentes. De las tres motivaciones, el dinero se encontraba en tercer lugar, con un incremento en la productividad del 4,9%. El reconocimiento personal aumentó un 6,6% la productividad entre el grupo al que le tocó esta opción, mientras que la pizza lideró la prueba con una subida del 6,7% con respecto a los estándares de la empresa. 

Con el paso de los días, la productividad del grupo al que le habían ofrecido esos 30 dólares se desplomó, hasta el punto de terminar la semana con una caída del 6,5% comparado con aquellas personas que no habían sido obsequiadas con recompensa alguna. Esto nos indica que, al contrario de la creencia capitalista, el dinero no lo es todo

La pizza, una motivadora inesperada "La pizza, una motivadora inesperada"

Y no es el primer estudio que lo demuestra. De hecho, la Escuela de Económicas de Londres revisó en 2009 un total de 51 investigaciones como las de Ariely, en las que llegó a una conclusión: "Los incentivos financieros pueden reducir la motivación intrínseca y eliminan la ética del trabajador para cumplir con las normas sociales en el trabajo", afirmaba por aquel entonces Bernd Irlenbusch, uno de los encargados de esta revisión. "Esto no quiere decir que cobrar una justa cantidad de dinero no sea importante. La cosa es que no es el único o el mejor elemento motivador para los empleados".

En cuanto a la batalla pizza-halagos, el reconocimiento terminó ganando la batalla. Sin embargo, Dan Ariely cree firmemente que, en caso de que se hubiera ofrecido llevar la pizza a casa en vez de comerla en el trabajo, la productividad hubiera sido aún mayor, hasta el punto de alcanzar el primer puesto: "De esta manera, no solo les hubiéramos dado un regalo, también les hubiéramos convertido en héroes a ojos de sus familias".

En definitiva, lo que Ariely nos indica es que, para ser más felices en el trabajo y, de este modo, rendir mejor, nuestra labor ha de ser valorada en su justa medida. Y pizza, también necesitamos pizza.  

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