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La Comunidad de Madrid no descarta que los cuidadores acusados de maltrato sigan en otra residencia

La Comunidad de Madrid reconoce que no tiene constancia del nombre de los empleados de los centros que sufraga mediante conciertos.

La Comunidad de Madrid no descarta que los cuidadores acusados de maltrato sigan en otra residencia

Los tres cuidadores acusados de maltrato en la residencia de mayores Los Nogales de Madrid podrían seguir trabajando en otro centro concertado. Esta es la hipótesis que mantiene el gobierno regional tras reconocer que no posee ningún tipo de dato sobre los trabajadores que están ejerciendo en las residencias que dependen de las subvenciones del ejecutivo madrileño.

Dos de las acusados habían finalizado su trabajo con el centro tras encadenar contratos temporales, por lo que podrían encontrarse en otra residencia con gran probalidad, pues no dejan de contar con experiencia en el sector. En el caso del tercero, hay más dificultades porque, básicamente, estuvo trabajando hasta que fue despedido la misma jornada en la que el escándalo saltó a los medios. Sus nombres son Mónica M.P., Josefa T. L. y Brian Israel N.C.

Mónica y Josefa, dos trabajadoras de Los Nogales, podrían estar implicadas en este caso, según El Español | Fuente: El Español "Mónica y Josefa, dos trabajadoras de Los Nogales, podrían estar implicadas en este caso, según El Español | Fuente: El Español"

Por el momento, la única medida que se propone desde la Comunidad de Madrid pasa por multar al grupo Los Nogales, responsable de la residencia, con una cantidad de 600.000 euros. Además, la directora, que presuntamente ocultó todas las denuncias de los familiares y protegió a los trabajadores implicados, sería inhabilitada durante cinco años para ejercer puestos similares. Sin embargo, todo depende de la resolución judicial que, previsiblemente, se extenderá en el tiempo, por lo que no habrá sanción hasta entonces.

A diferencia de los centros de gestión pública, donde los trabajadores deben aprobar una oposición y hay mayor control a la hora de contratar el personal; en la red de centros concertados hay mayor arbitrariedad y la Administración tiene un papel secundario, si no nulo. Es lo que sucede en el caso de residencias, pero también en colegios o centros sanitarios, en los que el Gobierno se limita a poner el dinero y cede toda su competencia a una empresa privada.

Así está el caso por el momento

La Justicia ya se encuentra investigando el caso, que estalló tras las grabaciones de Juan Carlos en la habitación en la que residía su madre, ya fallecida. Pero hay serias sospechas de que este tipo de malos tratos formaban parte de la dinámica normal de estos empleados y que podrían haber estado protegidos por sus superiores en todo momento. Precisamente, uno de los extrabajadores han asegurado que las jefas de planta del centro eran completamente conscientes: "Sabían lo que pasaba y no hacían nada", ha declarado a la Cadena Ser.

Dos de las trabajadoras implicadas son Mónica M.P. y Josefa T. L.. La primera se vendía como una cuidadora de lujo, muy encargada de transmitir una imagen de preocupación y cariño por los ancianos cuando estaban presentes los familiares, tal y como han confesado en declaraciones al diario El Español. El nivel de confianza era tan alto que nadie se pudo creer lo que estaba sucediendo en las imágenes que ahora ven la luz.

En los vídeos captados por la cámara, Mónica aparenta ser la persona que lleva en todo momento la iniciativa en los malos tratos. A ella, se suman Josefa y otro trabajador, Bryan Israel N.C. Los tres se encuentran actualmente denunciados por la Fiscalía por los malos tratos físicos y psicológicos a los que sometieron a los ancianos que se encontraban en el centro (cuyas familias llegaban a pagar hasta 2.700 euros por los cuidados que, supuestamente, se proporcionaban entre los muros de aquel infierno).

La dinámica del centro envolvió especialmente a Bryan. El joven fue el último en llegar de todo el grupo. En un principio parecía un joven responsable y reservado. Pero rápidamente adoptó con soltura toda la serie de vejaciones que se brindaban contra los residentes.

El horizonte judicial de este grupo es complicado, porque las pruebas son evidentes. En ellas, aparecen retorciendo el pecho de los ancianos, propinándoles todo tipo de golpes, amenazas del estilo "te voy a arrancar la cabeza", insultos y amenazas como "el demonio te va a llevar al infierno".

Algunos familiares sospechan

La denuncia únicamente parte de uno de los familiares de los residentes de aquella residencia. Gracias a su habilidad a la hora de colocar discretamente un teléfono móvil sin que nadie fuera consciente, pudo grabar todo lo que allí sucedía y apropiarse de todo tipo de pruebas que ahora serán clave en el juicio.

Sin embargo, el caso podría haberse extendido al resto de residentes. Algunos han declarado que sus familiares aparecían con constantes moratones, torceduras o hinchazones en rodillas y brazos. Si se presentaban por sorpresa, en muchas ocasiones, ni siquiera les habían cambiado el pañal. Si avisaban, aparecían impecables. Una forma de esconder todo lo que estaba sucediendo con auténtica impunidad.

La residencia Los Nogales se vendía como un centro de confianza, pero escondía un auténtico infierno dentro de sus muros | Foto: Google Maps "La residencia Los Nogales se vendía como un centro de confianza, pero escondía un auténtico infierno dentro de sus muros | Foto: Google Maps"

Aquel teléfono móvil ha sido clave. Previamente, un grupo de 120 familiares ya habían presentado una denuncia contra el centro que finalmente quedó archivada por la Comunidad de Madrid. Nadie les creyó. Ahora se comprueba que sus denuncias se quedaban cortas.

Juan Carlos, el responsable del estallido de este caso, siempre creyó los testimonios de su madre. Uno de ellos: llegó a decirle que cuando paseaba por el parque situado frente a la residencia, encontraba papeles en los que alguien había escrito: "En este centro se maltrata a los ancianos". Quizás, sin aquellos escritos, sin aquel testimonio, sin aquellas imñagenes, Mónica, Josefa y Brian podrían haber continuado actuando con auténtica impunidad.

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