Luna Fernández: la yihadista madrileña embarazada que quiere volver a vivir en España

Luna Fernández: la yihadista madrileña embarazada que quiere volver a vivir en España

Luna es viuda, está embarazada de su cuarto hijo y sigue esperando a que el Gobierno la traiga de vuelta a su casa.

Luna Fernández Grande es madrileña. A los 24 años trasladó su hogar a Egipto junto a su esposo, El Aabou. Allí nació y murió su hija, que fue enterrada en la mezquita de la M-30 gracias a las recaudaciones de los miembros de la Brigada al Andalus, una célula terrorista con sede en Madrid a la que la pareja pertenecía. Ya en 2016, la familia dejó atrás aquella pequeña tumba para enrolarse en la construcción del Daesh, donde Luna sigue aferrada, queriendo o sin querer, a día de hoy. 

Esta mujer es una de las tres españolas que permanecen detenidas en un campamento de prisioneros kurdo, ahora trasladadas al Al Roj. Ella es viuda y está embarazada, a punto de dar a luz, con cuatro niños propios y otros cuatro a su cargo. Ella misma los atribuye a otra pareja de amigos, marroquí, que se trasladó también desde España para darle forma al nuevo paraíso yihadista, según informa El Mundo. El siguiente paso en la trágica vida de Luna es que el gobierno de su país tome una decisión definitiva sobre su destino y el de sus hijos. 

Una vida trágica y la compleja relación familiar

Manuela Grande con su hija Luna Fernández, la yihadista española retenida en un campamento kurdo - El País "Manuela Grande con su hija Luna Fernández, la yihadista española retenida en un campamento kurdo - El País"

Durante su infancia, los servicios sociales se hicieron cargo de Luna porque su familia no podía sacarla adelante. Tampoco decidieron bautizarla para darle la libertad de elegir cuando fuera mayor. Y así fue: cuando conoció a Mohamed Amin se convirtió al Islam y su vida cambió por completo. El trato de la familia con él nunca fue cordial, según cuenta la madre de Luna al medio que cuenta la historia.  

Aunque eran los más jóvenes de la Brigada al Andalus, la pareja siempre ejerció su autoridad en varios ámbitos de la agrupación. Tanto ella como Yolanda Martínez, la yihadista nacida en el barrio de Salamanca de Madrid, ascendieron dentro de la brigada gracias a las labores de diligencia que tenían sus respectivos maridos, tal y como suele ocurrir con el paralelismo jerárquico entre los grupos de hombres y mujeres. 

Luna mantuvo el contacto con su madre hasta el momento de marcharse, tanto que hasta consiguió convertirla al Islam. Manuela Grande cuenta de su hija que "por estar con ella me hice musulmana en la mezquita de El Carmen [...] Luna tenía un concepto muy estricto de la religión. A mí no me importaba porque mientras sea buena gente, respete a los demás y no ofenda a nadie... Al contrario, lo que a mí me molestaba era que cuando iba por ahí la miraban por su atuendo". Pasado un tiempo esta madre terminó desistiendo ante tanta rigurosidad. 

En ese momento algo se rompió entre madre e hija. Algo que parecía irreversible y lo fue. Ahora Manuela Grande reconoce que, cuando Luna se marchó y ella supo que estaba en Siria, "rezaba para que estuviera bien pero no reunió el valor para buscarla". Ahora no sabe nada de ella, solo la respuesta del Ayuntamiento de Madrid a una de sus cartas, en la que le decían que si en el futuro su hija elegía la capital para vivir, "no dude en que tendrá a su disposición los servicios municipales que como madrileña pueda necesitar".

Un futuro incierto para ella y sus hijos

El futuro para Luna es completamente incierto en la actualidad "El futuro para Luna es completamente incierto en la actualidad"

Ahora, de manera inocente, el problema más grande entre Luna y su país de origen es el hijo que está esperando. Tanto los hijos de ella como los de Yolanda Martínez y Lubna son todos españoles, porque el Código Civil prima el 'ius sanguinis' sobre el lugar de nacimiento. Y, por tanto, las decisiones que se tomen sobre ellas pueden afectar a todas las demás mujeres que se trasladaron a Siria a hacer la Yihad. En este sentido, la Comunidad Europea no tiene una política común y cada país está reaccionando según su propio criterio. Por eso ahora, estas mujeres están esperando el devenir de las decisiones españolas. 

En el caso de Luna Fernández, existe una sentencia que asegura que ella sabía lo que su marido estaba haciendo en la Yihad. Pero ahora el gobierno tiene que asegurarse de poder mantener una acusación penal contra ella y contra el resto de españolas desplazadas hasta el Califato antes de tomar una decisión. En un principio, estas mujeres han maquillado parte de la verdad en sus declaraciones públicas hasta llegar al encubrimiento, en un intento de exculparse, mintiendo sobre su edad y sobre las funciones de sus maridos. 

Por ejemplo, Luna aseguró que su esposo tenía unicamente un trabajo de tesorería en el Califato, pero los jueces de la Audiencia Nacional aseguraron que se encontraba "combatiendo y ocupando un puesto de responsabilidad". Para El País ellá contó que llegó a Siria engañada por su marido, pero siempre con buena intención. Es esta y muchas otras las incógnitas que por el momento siguen abiertas sobre el destino de Luna, y el de su futuro hijo. 

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