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Política

La sucia gestión de los líderes nacionalistas catalanes en plena crisis del coronavirus

Del vergonzoso tuit de Clara Ponsatí a las cartas de Puigdemont aprovechando la crisis para dar alas a sus ansias soberanistas.

La sucia gestión de los líderes nacionalistas catalanes en plena crisis del coronavirus

El nacionalismo, en estos días de tremendo dolor por la crisis sanitaria del coronavirus, está haciendo lo que mejor supo, sabe y sabrá hacer, sembrar discordia, dividir a los ciudadanos y generar odio. Nunca se pudo esperar más de los que viven de alimentar luchas entre conciudadanos, de generar conflictos donde no los hay, de levantar muros y derribar puentes.

El tuit de Clara Ponsatí, la que fuese Consejera de Enseñanza -sí, léanlo bien, de enseñanza- de la Generalitat, utilizando una frase muy famosa por su sentido positivo y, ciertamente épico, pero que empleado en medio de esta situación no es más que mofa, mostró la ruindad y mezquindad de la actualmente eurodiputada. Teniendo en cuenta que la Comunidad de Madrid es la región máz azotada por el Covid-19, Ponsatí no dudó en compartir el mensaje "De Madrid al cielo".

No obstante, si preocupante fue ver la bilis que soltó Ponsatí en forma de tuit, el colmo estaba por llegar, el otrora Molt Honorable President Carlos Puigdemont retuiteaba el esputo por parecerle gracioso y estar de acuerdo. Esto no se le ha preguntado, pero es lo único que puede significar, por bien pensados que queramos ponernos.

""De Madrid al cielo", mensaje de Clara Ponsatí retuiteado por Carles Puigdemont"

En la lista de despropósitos nacionalistas de los últimos días, también encontramos la vergonzosa gestión y acción del actual President, Quim Torra, el mismo que llamó bestias taradas a los españoles. Su deslealtad al Gobierno de España, su incapacidad permanente para generar otra cosa que no sea odio y su demostrada inoperancia al frente del Gobierno de Cataluña, bien podría servir para afirmar que estamos ante el más inepto President de los últimos tiempos. No podemos olvidar la carta que, aún estando infectado por el Covid-19, envió a líderes europeos arremetiendo contra la gestión del Gobierno de España, algo que volvió a demostrar su bajeza moral y su falta de responsabilidad para gestionar lo que es de todos, lo público.

Las intervenciones de Gabriel Rufián apelando a que las banderas no solucionan esta crisis sanitaria serían creíbles sino fuese porque él, nacionalista convencido, basa su ideología en las banderas, en la simbología territorial, en el levantamiento de muros para separarse del, supuestamente, diferente.

Lo que preocupaba a los mandatarios autonómicos catalanes el día que se aprobó el Real Decreto por el que entraba el estado de alarma en España, no era cómo se podía ayudar al mando único, el Presidente del Gobierno, o a los Ministros delegados -Defensa, Interior, Sanidad, Transportes, Movilidad y Agenda Urbana- no, lo que provocó las soflamas independentistas fue que no estaban dispuestos a dejar de mandar en los Mossos d`Esquadra, por aquella vieja obsesión nacionalista de controlar los cuerpos que tienen legitimada el uso de la fuerza.

Deslealtad tras deslealtad, injuria tras injuria e imprudencia tras imprudencia, así han actuado los nacionalistas catalanes en esta crisis del coronavirus, algo que, por otra parte, no debiera sorprendernos, sino fuese porque estamos hablando de vidas en juego, de miles de infectados y cientos de muertos en una parte de nuestro país, Cataluña, que está en manos de personas incapaces por la sinrazón que todo lo anula: nacionalismo.

Nacionalismo y más nacionalismo sin más gestión

Desde que Artur Mas empezase esta desventura independentista, la agenda política catalana ha estado marcada solo y exclusivamente por esto, por el tema territorial; nada se ha gestionado al margen de esto, todo lo que se tocaba era para inocular el nacionalismo más sectario. Se olvidó gestionar de forma eficaz y eficiente los servicios sociales, la sanidad, la educación y un largo etcétera que dramáticamente se clava en la vida de los catalanes de a pie, únicos perjudicados de esta no acción.

El nacionalismo siempre ha sido así, antes se obsesionaban con el ejército porque su misión era matar para conquistar territorios y defender los que ya tenían, ahora, con técnicas más sofisticadas, pero no menos dañinas para la población general, el nacionalismo catalán sigue envolviéndose en la estelada y pensando que así podrán superar esta emergencia mundial provocada por el Covid-19. Sus dirigentes, tan prepotentes a la hora de defender lo suyo como impedidos a la hora de gestionar lo de todos, rechazaron que el ejército español y, por lo tanto, también suyo, ayudara en estos momentos, algo que tuvieron que rectificar de inmediato ante una situación que sobrepasa sus ya mermadas capacidades gestoras.

Sea como fuere, una vez pase esta gravísima situación que asola no solo a nuestro país sino a la mayor parte del mundo, tendrá que valorarse la gestión de los políticos que han estado al frente, de unos podremos decir que fallaron pero lo intentaron; de otros, que lo hicieron bien; pero de los irresponsables dirigentes catalanes solo podremos decir que han constatado lo que siempre ha sido el nacionalismo, importan más las banderas que las vidas. Una negligencia que en otros momentos puede ser cosa política, pero que en estos es humanitaria. Si Cataluña sale, y por supuesto que va a salir, de esta maldita crisis sanitaria será por la fuerza y el coraje de los catalanes y por la gestión de las autoridades nacionales, que, ante la inoperancia de las autonómicas, han de tutelarlas para que, ahora sí, las vidas estén por encima de las soflamas separatistas.

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