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Ciencia

Soplar las velas aumenta en un 1400% la presencia de bacterias en la tarta

La tradicional celebración de cumpleaños puede provocar que el dulce termine lleno de aderezos inesperados.

Llega tu cumpleaños, la emoción de ponerte como Falete con la tarta y olvidar ese régimen que es un completo suplicio. ¡Qué alegría! El rico chocolate, el esponjoso bizcocho, la dulce nata... mmm... más o menos estás con esta... 'carita', ¿verdad?

Mi cara al ver mi tarta de cumpleaños

¡Pues aún te falta un ingrediente! Has cumplido con la tradición de soplar las velas y, ni corto ni perezoso, has echado hasta la primera baba en tu rica tarta. ¿Qué creías que iba a pasar? ¡Qué la has llenado de crujientes bacterias, dulces microbios y cremosas enfermedades transmisibles! Ahora tu cara es esta...

Parfavar

Lo que acabas de leer no es un invento nuestro. Parte de un estudio científico de la prestigiosa Universidad de Clemson, que ha confirmado que el simple hecho de soplar las velas aumenta hasta en 1400% la presencia de bacterias en la tarta que nos vamos a meter entre pecho y espalda.

Si lo pensamos tranquilamente, la conclusión del estudio era bastante obvia, pero atendamos a los expertos: "Es muy posible la transferencia de bacterias y otros microorganismos presentes en el tracto respiratorio de una persona a otra". Es decir, más te vale cuidarte la salud cada vez que llegue un cumpleaños (si es en invierno, procura una vacuna de la gripe, así como regalo).

Para llegar a tal idea, los investigadores recrearon un pastel en el laboratorio y decidieron colocar unas velas encima de él. Después las soplaron y procedieron a realizar un cultivo para analizar qué contenía exactamente la tarta.

Yo no soplaría "Yo no soplaría"

Al analizar los resultados descubrieron que la presencia de microorganismos había aumentado en hasta... ¡120 veces! "Algunas personas soplaron sin transferir ninguna bacteria. Mientras que una o dos personas, por alguna razón... transfirieron muchas bacterias", ha asegurado uno de los investigadores.

A pesar de todo, la probabilidad real de enfermar es mínima, ya que las personas que mantienen un estado de salud normal cuentan con las defensas necesarias para eliminar los organismos sin el mayor problema.

Además, en nuestra boca habitan miles de bacterias que no son amenazantes para el ser humano. Si no, con cada beso en la boca nos habríamos ido extinguiendo poco a poco. 

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