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Putin no es de izquierdas, es un nacionalista ultraconservador: por qué se relaciona con la izquierda autoritaria latinoamericana

Las alianzas internacionales de un régimen no representan su ideología, sino su interés geoestratégico: lo analizamos.

Putin no es de izquierdas, es un nacionalista ultraconservador: por qué se relaciona con la izquierda autoritaria latinoamericana Putin no es de izquierdas, es un nacionalista ultraconservador: por qué se relaciona con la izquierda autoritaria latinoamericana

Foto: GTres

Las redes sociales se han convertido en un hervidero de comentarios sobre el papel de Putin y los supuestos apoyos que el presidente ruso podría tener en el arco parlamentario. ¿Qué ideología mantiene el Kremlin en estos momentos? Algunos comentarios se basan, únicamente, en los socios internacionales de Putin, sin hablar sobre otros factores sobre los que luego incidiremos, ya que en política internacional, los enemigos son amigos: ¿acaso Estados Unidos y Arabia Saudí serían serían aliados en un contexto normal? ¿A alguien se le ocurre decir que Joe Biden es un integrista islámico por tener relaciones con Arabia Saudí?

Los apoyos internacionales de Putin se están vendiendo para decir que Putin es de izquierdas. A pesar de que únicamente hay gobiernos realmente considerados de izquierdas en Venezuela, Nicaragua, Bielorrusia, Cuba o Siria, quizás en Palestina. En Hamas, los huthíes de Yemen e Irán pesa, sobre todo en Irán, el factor religioso con mayor peso, hasta el punto de que Irán podría constituirse como un gobierno de extrema derecha adaptado a la visión musulmana.

Lo único que aglutina a todos estos gobiernos, con excepción de Palestina (con una situación territorial muy particular), no es la ideología: es el rechazo a Estados Unidos, Occidente y el orden liberal que representa tener un sistema multipartidista, derecho a un voto libre y poder escuchar al que escucha diferente y expresarse sin represión.

Vladímir Putin forma parte de un bloque contrario al Occidental, que a diferencia de la Guerra Fría, no se basa en la izquierda y la derecha. Tampoco en el capitalismo o el comunismo: China tiene un capitalismo mucho más feroz que el aplicado en la Unión Europea.

De hecho, el presidente ruso no es de izquierdas, sino de derechas. Su formación, Rusia Unida, ha formado parte como observador de la Internacional Democrática de Centro, un organismo internacional que acoge a formaciones conservadoras en la que se integra el Partido Popular español como miembro.

El Partido Comunista ha sido objeto de persecución. La policía ha realizado redadas en su sede tras denunciar fraude electoral y ha sufrido bloqueos en redes sociales. "Hay una serie de hechos absolutamente escandalosos sobre los que deben tomarse medidas inmediatamente", dijo Guennadi Ziugánov, el líder del Partido Comunista de Rusia (PCR), mientras Alexéi Navalni presentaba una lista desde la cárcel.

El origen de Putin

Tampoco cabe olvidarse del verdadero origen de Putin. El presidente ruso fue una apuesta personal del expresidente Boris Yeltsin, autor de las mayores privatizaciones emprendidas en la Rusia posterior a la Unión Soviética , una acción que generó las mayores desigualdades posibles y una etapa de gran empobrecimiento e inseguridad entre la población.

Yeltsin estaba convencido de que Putin seguiría su política Yeltsin estaba convencido de que Putin seguiría su política, imagen de sustitución
Yeltsin estaba convencido de que Putin seguiría su política Kremlin.ru | CC Wikimedia Commons

El problema de Rusia es que la transición desde el sistema soviético al capitalista se quiso efectuar de un día para otro, sin medidas quirúrgicas que generasen una incipiente clase media que crease un estado consolidado. Esto dio pie a grandes oligarcas, como Berezovski, Mijaíl Jodorkovski, Vladímir Potanin, Vladímir Bogdánov, Rem Viájirev, Vagit Alekpérov, Aleksandr Smolenski, Víctor Vekselberg, Mijaíl Fridman o Román Abramóvich.

Estos grandes oligarcas, evidentemente, defienden sus intereses y Putin es su gran valedor. La renuncia de Yeltsin por su enfermedad en 1999 dejó como sucesor, en unas elecciones, a su elegido, Vladímir Putin, que continuó con su legado. Una tarea continuista, en la que se ha apostado por exacerbar el nacionalismo ruso para dar seguridad a aquellos ciudadanos que sintieron incertidumbre por las fuertes reformas económicas que enriquecieron a unos pocos y dejaron en el abismo a muchos. Y a Rusia, en la esfera internacional, pasando de liderar uno de los dos bloques del planeta, a ser un país relevante, sí, pero no como antaño.

Una agenda internacional con dos aristas: extrema derecha en Europa y populismos de izquierda en América Latina o la dictadura Siria

Putin ha tenido que jugar a múltiples aguas en la esfera internacional para ampliar sus tentáculos, pero sus aliados internacionales no le definen ideológicamente. La política internacional es endiablada y la ideología pasa a un segundo plano cuando se trata de construir amigos fuera de las fronteras.

En el caso de las formaciones de extrema derecha, sí es cierto que Putin tiene buena relación con la mayoría de líderes, como Marine le Pen, Matteo Salvini o incluso Orban, el presidente húngaro que ahora mantiene una posición ambigua porque teme ser castigado por la UE a la hora de recibir ayudas.

Estos movimientos aprecian en Putin un referente, un modelo de sociedad, una especie de 'Roma' que se está salvando de la decadencia que aprecian en Occidente. Que Rusia está encantada con el auge de estos partidos es evidente, puesto que situaría a Europa en su cuerda y, además, desmembraría a una Unión Europea que percibe como una amenaza militar y estratégica, sobre todo, desde que anexionó a buena parte de los países del este.

En cuanto a aquellos líderes de izquierdas, cada caso tiene un punto a destacar. En cuanto a Siria, Bashar al Assad representa la salida de Putin al Mediterráneo, ya que tiene un puerto militar en la ciudad de Lattakia, además de bases militares en Oriente Próximo. Irán también representa un aliado geoestratégico muy importante. Y China, con poder de veto en el Consejo de Seguridad, una economía situada en la cúspide y una capacidad de producción imparable, no tiene competidor.

En el caso de Latinoamerica, Rusia también se permite introducir sus tentáculos en territorio enemigo, pero por estrategia. La situación de Cuba recuerda a la Guerra Fría y la crisis de los misiles, con amenazas de ataque en terreno estadounidense. Nicaragua, ahora simpatizante de Moscú, también supone un desembarco en Centroamérica. Y Venezuela, tierra con grandes recursos, también se alinea con el Kremlin. Tres países claramente posicionados de su parte, no por ideología, sino por conveniencia: evitar el orden liberal, la democracia, el sistema de libertades, en pleno territorio americano.

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