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Hallan el cadáver de una anciana en su vivienda de Valencia cuatro años después de morir

María Amparo Plaza, cuyo cadáver se encontraba en estado de momificación, había muerto cuatro años antes en su vivienda.

La historia de María Amparo Plaza de 78 años, cuyo cadáver momificado fue encontrado hace unos días, es una de esas que rompen el corazón. Su cuerpo fue hallado en El Cabanyal, uno de los barrios marítimos de Valencia. Los cuerpos policiales creen que falleció por causas naturales en su casa hace unos cuatro años aproximadamente. Un tiempo en el que nadie la echó en falta o ausencia, claro ejemplo, de la soledad y abandono que viven muchos de nuestros ancianos y mayores.

Plaza, nacida en Valencia en 1940, parece que no tiene familiares cercanos; aunque la Policía sigue la pista o rastro de una posible hermana en Tenerife, a la que todavía no han podido localizar. Sin embargo, muchos de sus vecinos sí se acuerdan de ella, aunque sea vagamente.

"Es tremendo pensar que no haya nadie que te vaya a echar de menos. Que no tuviera no ya familia, sino absolutamente a nadie, ni siquiera contacto con algún vecino", declara Amparo Miguel, una vecina del barrio, a El País. Tristemente el número 141 de la calle José Benlliure se ha hecho 'famoso'. Lugar donde María residió durante más de 30 años.

Casa donde residía María Amparo Plaza "Casa donde residía María Amparo Plaza"

La curiosidad de un vecino causa del descubrimiento de su cadáver

El cuerpo sin vida de María Amparo Plaza seguiría postrado en el suelo de su cocina, donde se conservó de manera natural gracias a un proceso de momificación muy infrecuente, sí César, un vecino del barrio, no hubiera entrado a limpiar el patio pequeño que separa su piso del de Plaza. La curiosidad le llevó a empujar con la escoba la ventana semi abierta de la casa de su vecina, donde atisbó sus piernas. Aturdido, llamó inmediatamente al 112 y avisó de la muerte de la mujer.

El propio César reconoció que apenas conocía a su vecina: "La mujer salía muy poco y no se relacionaba con nadie. Hacía mucho que no la veíamos, y a veces comentábamos si no se habría muerto". Muchos del barrio pensaban que se había ido, como comenta una de sus vecinas: "Lo que nosotros creíamos es que se había marchado". Ya que ella, y según fuentes de la investigación, había manifestado su intención de mudarse a algún vecino.

Por otra parte, y debido a su personalidad, no era de extrañar que poca gente del vecindario la llegara a conocer. "Era muy reservada y siempre venía sola. No le veías amistades, ni familiares. Entraba, saludaba con educación, compraba su paracetamol o alguna cosilla, y adiós. No era como algunos que se sientan aquí y te cuentan su vida", comenta Joaquín Morales, dueño de la farmacia de la calle Mediterráneo.

La mujer tenía un carácter hermético y sus vecinos apenas la conocían

Nadie fue consciente de lo que sucedía y no advirtieron a las autoridades "Nadie fue consciente de lo que sucedía y no advirtieron a las autoridades"

Antonio Escudero, uno de sus vecinos, explica que "no era de hablar mucho ni de venir a la carpa que montábamos en Fallas, aunque tampoco se quejaba del ruido". Vicente Salcedo, al que le compró un zapatero en su tienda, dice que recuerda su casa "limpia, pero muy mal conservada, como si no hubieran hecho ni un arreglo desde que la construyeron".

El carácter hermético de María, según sus vecinos, no hizo más que empeorar gracias a las obras del proyecto de prolongación hasta el mar de la avenida de Blasco Ibáñez aprobado por el anterior gobierno local, del PP, en los noventa. Un proyecto que pretendía derribar más de 1000 viviendas del Cabanyal. De hecho, el Ayuntamiento, expropió más de 50 viviendas, derribó un centenar y paralizó la posibilidad de hacer reformas en todas las casas. Muchas de esas viviendas expropiadas y abandonadas fueron ocupadas. Tal fue el deterioro del barrio, que algunas de ellas se convirtieron en puntos de ventas de drogas. Lo que hizo que el barrio fuera muy inseguro.

Faustino Villora, un histórico activista de Salvem El Cabanyal, explica que "hubo una ruptura de las relaciones sociales en esta zona del barrio, que siempre había sido como un pueblo, y eso contribuyó al aislamiento de algunos vecinos, sobre todo de edad avanzada".

Se dieron las condiciones idóneas para la momificación

La mujer tenía todos los recibos del alquiler, la luz y el agua domiciliados en la misma cuenta bancaria en la que le ingresaban la pensión. Esto evitó los avisos de impago, lo que hubiera sido una pista para advertir de su muerte.

Fernando Verdú, profesor de Medicina Legal en la Universidad de Valencia, explica la falta de olor debido a la momificación del cadáver de María, otro de los motivos que hubiera puesto en alerta a sus vecinos. "Requiere baja humedad, una corriente de aire y una temperatura no muy alta, pero sí lo bastante como para provocar la desaparición de líquidos. Ser una persona mayor, delgada y haber sufrido una deshidratación antes de morir son factores que favorecen la momificación".

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