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Gervasio Deferr relata su infierno: "Tenía muchos pensamientos y con el alcohol me daba todo igual: casi me destroza la vida"

El gimnasta ha relatado la enfermedad que padece y cómo ha influido de manera determinante en su vida.

Gervasio Deferr relata su infierno: "Tenía muchos pensamientos y con el alcohol me daba todo igual: casi me destroza la vida" Gervasio Deferr relata su infierno: "Tenía muchos pensamientos y con el alcohol me daba todo igual: casi me destroza la vida"

Foto: laSexta

Gervasio Defferr, bicampeón olímpico, estrella del deporte, no tenía prácticamente problemas para llegar a los campeonatos en los que se coronaba con los mejores títulos a los que podía acceder, tal y como Paloma Del Río relató en su entrevista con Jordi Évole en el programa 'Lo de Évole' en laSexta.

El gimnasta ha relatado la enfermedad que padece, un trastorno por consumo de sustancias, en especial el alcohol, que le ha llevado a sufrir todo tipo de situaciones en la que ha puesto en peligro su integridad. Una enfermedad que ha sido responsable de su caída, y de la que describe un momento agravado: cuando dejó de competir.

"Yo hablo mucho conmigo mismo. Y entonces la cabeza me iba a mil. No tenía un objetivo claro. Y me preguntaba: y ahora, ¿qué vas a hacer? ¿Dónde, cómo, con quién? No sabía cómo empezar, dónde apoyarme. De repente, un día a las once de la mañana no sabes qué hacer; igual que te vas a tomar un café, te pides una cerveza. Y no paras de beber hasta la noche. Y, al final, te vuelves loco. Te intoxicas. Estás envenenado y pierdes tu esencia", relata en una entrevista con el diario El País. "Todo te da igual", reconoce como uno de los motivos por los que bebía, en 'Lo de Évole'

Deferr dice tener una especie de ansiógena tendencia a mantener conversaciones introspectivas, lo que puede ser sumamente agotador. Y ve que comenzar a tomar una cerveza puede ser el punto de partida para la desconexión y para considerar que el día comienza a relajarse, un peligroso punto en el que todo empieza a dejar de importar.

El gimnasta también señala el consumo de otras sustancias, entre ellas, aquel porro por el que dio positivo con 20 años, un "error de juventud", según califica, que le costó los patrocinios tras haber dado positivo en los controles. No volvieron a pillarle, pero cuando abandonó la competición, el consumo de sustancias se agudizó, siempre vinculado al alcohol: "Porque cuando ya estás en cierto lugar, borrachísimo y no te puedes ni mover, viene alguien y te dice: 'Tómate esto, que te vas a espabilar'. Te espabilas un día y dos, y una cosa lleva a la otra. Aunque siempre pude cortar con ese otro tipo de drogas. No tenía dependencia. Con lo que no podía cortar era con el alcohol. Me di cuenta de que no podía tomar bebidas duras, así que tomaba cerveza. Pero bebía litros y litros de cerveza. Al final, tuve que pedir ayuda".

Su primer contacto con el alcohol, además, no fue forzado. Sus primeras fiestas fueron abstemias, asegura, "mi primera borrachera fue con unos 18 años, hasta entonces salía con amigos, a bailar hasta las seis de la mañana, con mi Coca-Cola". Pero cuando el alcohol entró la dinámica empezó a inundar las fiestas como algo cotidiano: "Me he pasado 20 años inundado en alcohol. Era o entrenar o salir".

El suicidio y una nueva vida

La situación en su vida llegó a ser tan límite, que Gervasio llegó a tener de cerca el final de su vida: "El suicidio pasó por mi cabeza en dos momentos de mi vida. Cuando me pillaron con el positivo en 2002, me rompí los dos hombros y me pasé un año en mi casa con unos dolores terribles, me entraron las dudas, no sabía si volvería a ser el mismo Gervasio de siempre. Y me decía: hago un último salto mortal, me tiro por un barranco y ya. Pero desechaba rápido la idea. He sido un luchador siempre. Así que pienso que puedo fallar, perder, pero nunca rendirme. No podría hacerle algo así a mi familia. En otros momentos, ya retirado, podría haber acabado cadáver y no hubiera sido ni consciente".

Deffer ha aprendido a quitarse las corazas que se íhaba creado, ya que reconoce que "desde pequeño tuve que perder mi esencia, era un niño muy sensible y delicado" y "después de muchos años de novatadas, conviviendo con gente mucho más mayor que tú, al final o te haces fuerte o te vas. Yo me tuve que hacer fuerte porque no me iba a ir a ningún lado".

Ahora, entrena a niños en el gimnasio de La Mina, en un trabajo que supone para él una auténtica salvación. "He encontrado mi sitio porque aquí me siento necesario y querido. Y ha pasado de ser una labor social a ser la salvación de mi vida", reconoce.

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