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Política

Dimite un candidato derechista alemán por pactar gobierno con la ultraderecha

La canciller Angela Merkel ha calificado el pacto de Kemmerich con la ultraderecha de AfD como una actuación "imperdonable".

Dimite un candidato derechista alemán por pactar gobierno con la ultraderecha

Solo un día. Eso es lo que ha durado el liberal Thomas Kemmerich como jefe del Estado federado de Turingia después de pactar un acuerdo regional  de investidura con la derecha conservadora de Merkel y la ultraderecha representada por AfD. Se trata de un partido cercano a VOX, hasta el punto de que felicitó su último resultado electoral con 52 escaños.

El revuelo que ha supuesto el acuerdo con la ultraderecha, violando el cordón sanitario que el resto de partidos ha establecido ante esta formación, ha generado un auténtico revuelo en el país germano.

Con el paso de las horas, la presión sobre Kemmerich ha ido en aumento. No hay que olvidar que esta era una situación inédita: el primer ministro regional que ha sido elegido con el apoyo de los ultras, que llevan en la primera línea política desde que obtuvieron representación en el Parlamento Europeo el año 2014.

En este caso, las críticas se han producido desde todos los ámbitos. Incluidos los líderes del propio partido liberal, que han pedido reestablecer el cordón sanitario contra la ultraderecha. Las sedes de los partidos que se han visto involucrados en este acuerdo también han sido objeto de protestas.

La canciller Angela Merkel, cuya formación regional también se ha saltado el veto al votar por el candidato liberal, se ha visto obligada a apoyar a los manifestantes y criticar el acuerdo: "Es imperdonable y el resultado debe ser revertido. Fue un mal día para la democracia", aseguró la canciller durante un encuentro con los medios en Sudáfrica, donde se encuentra de visita oficial.

"Dimisión ineludible" y repetición de elecciones

El candidato liberal ha dimitido 24 horas después por sostenerse en la ultraderecha de AfD "El candidato liberal ha dimitido 24 horas después por sostenerse en la ultraderecha de AfD"

La simple firma del acuerdo ha generado tal tensión que, 24 horas después, Kemmerich se ha visto obligado a presentar su dimisión "ineludible": ha disuelto el parlamento de Turingia y ha convocado nuevas elecciones. "No hubo, hay, ni habrá cooperación con AfD", ha asegurado.

El ya expresidente asegura que la votación que le aupó a la presidencia de este estado fue consecuencia de los "trucos sucios" de la ultraderecha para desvirtuar el verdadero resultado de las rondas de negociaciones.

El partido liberal cuenta ahora con la mancha de este pacto a la hora de presentarse a los nuevos comicios, aunque intentará limpiar su imagen reconociendo que el daño ya está hecho.

La ultraderecha alemana, mientras tanto, ha pasado de la euforia al enfado en cuestión de 24 horas. A pesar de su auge y de que lleva casi seis años en la primera línea, el cordón sanitario ha impedido que ninguna de sus reivindicaciones salga adelante. De ahí que ahora, el copresidente de AfD, Jörg Meuthen, se haya quejado de la situación: "Esto demuestra lo lamentable que es nuestra democracia", ha publicado en su perfil de Twitter.

El secretario general de los conservadores califica de "nazis" a la ultraderecha

El presidente de AfD en Turingia, Björn Höcke "El presidente de AfD en Turingia, Björn Höcke"

A parte de la polémica que ha encontrado el pacto, una triquiñuela que el bloque conservador buscaba para evitar la formación de un gobierno regional de izquierdas (los socialistas de Die Linke habían ganado las elecciones), ha sacudido la gran coalición en Berlín.

Para los socialdemócratas del SPD, la firma de cualquier tipo de pacto con AfD es una línea roja que no están dispuestos a dejar pasar.  Y menos en Turingia, situada en el este y donde se instala una de las alas más radicales del partido capitaneado por Bjron Höcke, hasta el punto de que los servicios secretos han calificado a esta vertiente como "sospechosa" en un documento.

El secretario general de los socialdemócratas, Lars Klingbeil, no ha dudado en calificar con duras palabras todo lo sucedido en una entrevista con Der Spiegel: "Por primera vez en la historia de la República Federal, la CDU y el Partido Democrático Libre (los liberales) han estrechado la mano a los nazis. Al hacerlo, han renunciado al consenso democrático". Los conservadores de la CDU también han sido críticos. Su homólogo, Paul Ziemiak, ha asegurado: "Cualquier impresión de que nazis como Höcke u otros de AfD puedan influenciar las oficinas del Gobierno daña a todo nuestro país".

Sin embargo, la duda se cierne sobre la formación de la CDU en Turingia, donde sus líderes no se han mostrado tan implacables como la formación nacional y donde apoyaron al candidato liberal. "La líder de la CDU debe demostrar que tiene a su partido bajo control", ha asegurado Kligbeil. El papel de la presidenta conservadora, Annegret Kramp-Karrenbauer, llamada a suceder a Merkel al frente del partido, es considerable: de ella dependerá el futuro de la política alemana en un país donde la fragmentación, inestabilidad y dificultad para construir mayorías se encuentran de total actualidad.

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