Así fue la estrategia de cada candidato en el debate de Atresmedia para captar tu voto

Así fue la estrategia de cada candidato en el debate de Atresmedia para captar tu voto

El debate evidenció que los candidatos habían tomado nota del encuentro en RTVE, aunque no todos lo hicieron con acierto.

Los cuatro principales candidatos a la presidencia del Gobierno, con la excepción de VOX (haciendo ruido en un mitin en una plaza de toros llena de banderas de España y refrito por internet), se jugaban mucho en el debate celebrado en Atresmedia este martes 23 de abril. Los comicios del domingo se plantean como una auténtica incógnita porque, a pesar de la previsible victoria de Sánchez, las tres derechas libran una gran pugna por liderar su bloque y alcanzar los escaños necesarios para desalojar al líder socialista de La Moncloa.

El debate de RTVE se planteó como una especie de 'calentamiento' por parte de algunos partidos que supieron rectificar con buen acierto y otros que intentaron utilizar lo que ya funcionaba... pero quizá con demasiado ahínco.

¿Quién fue el ganador o el perdedor? Según se mire: si nos planteamos este formato como una herramienta para animar a la parroquia, serían Pablo Iglesias y Pablo Casado; el mismo resultado que si lo centramos en liderar sus respectivos bloques. Si lo miramos desde la perspectiva de captar al indeciso en caladeros ajenos, podríamos mirar hacia Pedro Sánchez. Y si lo centramos en el lugar de la derrota, podríamos concluir que el victorioso Rivera de RTVE ha pasado a ocupar el último puesto que, en la jornada anterior, ostentó Casado.

¿Qué estrategia ha empleado cada candidato a la presidencia del Gobierno? ¿Tuvieron aciertos y errores? Vamos a analizarlo con mayor profundidad:

1 Pedro Sánchez: más bronco, espontáneo, con mejores respuestas, pero sin aclarar dos cuestiones

Sánchez consiguió que Rivera 'se comiese' a VOX en la que creía que era una de sus estrategias estrella "Sánchez consiguió que Rivera 'se comiese' a VOX en la que creía que era una de sus estrategias estrella"

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, jugó un papel más bronco que en el anterior debate. Tuvo su punto álgido en el momento en el que Rivera le entregó un ejemplar de su tesis bajo un "he traido un libro que usted no ha leído", en el que el líder de Ciudadanos esperaba cara de descoloque y terminó comiéndose el fantama de VOX con la entrega del libro sobre Abascal escrito por Sánchez Dragó.

Sin duda, el presidente del Gobierno se había preparado para las posibles salidas de tono de sus rivales y mostró mayor espontaneidad, pero nadie comprendió por qué tenía que pegarse al papel para leer las propuestas que, se supone, defiende por principios. ¿Cuestión de nervios? Quizás pudo restarle seguridad y credibilidad de cara al electorado.

A pesar de que Sánchez por fin confirmó su nula intención de pactar con Rivera para llegar a la presidencia del Gobierno (¿alguien lo ponía en duda a estas alturas, con el odio africano que ambos se profesan?), tuvo dos debilidades: primero, su tibia respuesta frente a los indultos de los líderes independentistas, que se podría haber gestionado, por ejemplo, recordando los ofrecimientos de Rajoy a ERC y PDeCAT en plena moción de censura, como cuenta la periodista Lucía Gómez-Lobato en su libro 'La moción'. Segundo, porque no supo marcar distancias frente a una corrupción del PSOE, presentada en formato papiro por parte de Rivera, en una época en la que Sánchez jugaba en la tercera fila del poder (por cierto, ostentado entonces por una vieja guardia que ahora no quiere ni verle).

2 Casado, intentando resistir como líder

Casado consiguió recuperar el espacio que Rivera le había arrebatado la jornada anterior "Casado consiguió recuperar el espacio que Rivera le había arrebatado la jornada anterior"

La victoria de Albert Rivera frente a Casado en el debate de RTVE ponía en jaque el liderazgo de Pablo Casado dentro del centroderecha. En un momento en el que las encuestas plantean el peor escenario electoral para Génova, el líder del PP se está perdiendo mucho fuelle y ayer necesitaba dar el 'puñetazo en la mesa', léase coloquialmente, con el que dejar a Rivera en el papel de segundón.

El candidato popular había evidenciado una estrategia insólita: demasiado ideologizado en toda la campaña, con intención de mostrarse como 'hombre de Estado' en un debate de ideas, dejó esta vez de lado el "valor seguro" para volver al manido mantra del retorno de los "valores tradicionales" del PP.

Tuvo algunos fallos, como entrar de lleno en el debate del feminismo que tantos quebraderos de cabeza dio a Cayetana Álvarez de Toledo (¿olvidó las consignas internas que constantemente desatienden?), pero supo comerle terreno a Rivera y demostrar que tiene mayores posibilidades de llegar al Ejecutivo que su principal rival.

A pesar de todo, los 'rifirrafes' con Rivera tuvieron fallos, como desplazar a ambos candidatos excesivamente a la derecha y regalar excesivo hueco al PSOE para captar el centro e incluso parte del centroderecha más moderado. Pero, ayer, Casado consiguió que el líder de Ciudadanos diese un paso atrás... porque ayer tuvo unos cuantos fallos.

3 Albert Rivera: cómo repetir una estrategia que dio éxito y hacerla caer por pasarse de frenada

Rivera intentó repetir la espontaneidad del anterior debate, aunque en esta ocasión 'se pasó de frenada' "Rivera intentó repetir la espontaneidad del anterior debate, aunque en esta ocasión 'se pasó de frenada'"

El líder de Ciudadanos intentó conjugar los ingredientes que le dieron éxito en RTVE, de cara a su electorado y a los indecisos contrarios a Pedro Sánchez: espontaneidad, cierta impulsividad y salidas de tono calculadas.

Mientras que Rivera consiguió en el primer debate desmarcarse del resto de candidatos encorsetados ofreciendo una suerte de 'performance', en este caso se pasó de frenada. Demasiado. En algunos momentos parecía un niño que estaba interrumpiendo constantemente una conversación de adultos. Y Pablo Iglesias lo escenificó claramente con un legendario "impertinente y maleducado", más propio de una abuela que intenta corregir a su nieto, antes que de un rival.

Además, su tono especialmente agresivo le alejó de un hábil Casado, que supo conjugar la batalla de las ideas, comerle terreno y a la vez jugar un papel mucho más institucional que el de Rivera, algo importante para el votante conservador a pesar del momento tan tenso que vive la política española.

Si Rivera ganó el debate de RTVE a ojo de muchos analistas, el líder de Ciudadanos ha conseguido acabar con todos los réditos de aquel encuentro y ahora, incluso, quizás se arrepienta de que la jugada de Sánchez y su 'debategate' no obtuviera los réditos deseados por el presidente.

4 Iglesias: presidenciable y muy hábil en su puesta en escena

Iglesias supo transmitir con efectividad su mensaje y presencia con un simple jersey: gran acierto "Iglesias supo transmitir con efectividad su mensaje y presencia con un simple jersey: gran acierto"

Pablo Iglesias fue el tono sosegado, más institucional, reivindicativo e incluso presidenciable de todos los candidatos. Quizás fue la tranquilidad de quien tiene menos que perder en los comicios, pero el líder de Podemos dejó de aferrarse a la Carta Magna casi con anhelos de supervivencia, para arremangarse y tomar la delantera.

Ayer, Iglesias dio la sensación de convertirse en el adulto, el padre de tres niños que se pelean por el juguete. El único que se tomaba en serio a sus votantes y que tenía mayor intención de proponer ideas antes de medir su testosterona frente al resto.

El líder de Unidas Podemos consiguió devolver la ilusión a su electorado, quizás arañar votos de Pedro Sánchez e incluso corregir sus errores. Uno de sus grandísimos aciertos: su jersey, de 198, una marca con lemas reivindicativos de la izquierda. Enfundado en negro, el logo blanco de la marca que coronaba su silueta era su campaña: usa ropa fabricada en España y que representa los valores de la izquierda.

Además, con una simple prenda ya nos transmite que no odia este país como muchos dicen, que se sigue siendo progresista a pesar de los chalés y que no compra ropa fabricada en Bangladesh con condiciones infrahumanas al modo de Gabriel Rufián. Y encima todo el mundo hablando de ello, copando artículos Y qué decir del color, un tono negro frente a un fondo claro y, el día anterior, un azul ecléctico frente a un fondo negro. Y el cambio de vestimenta, mucho más arreglado. El líder morado supo dar de qué hablar desde que se hizo la foto de familia.

Ayer, Iglesias dejó de ser un líder de cuarta encorsetado, ninguneado por sus rivales, para dar la talla e incluso imponerse frente al resto mientras que sus rivales le dan por amortizado. Muchos le consideraron como el auténtico ganador.

Bonus Dos bloques enfrentados, pero con una derecha débil

Hubo dos bloques enfrentados, pero la derecha se mostró más débil por sus diferencias "Hubo dos bloques enfrentados, pero la derecha se mostró más débil por sus diferencias"

Después de analizar la estrategia de los candidatos, cabe destacar que los cuatro consiguieron una orquesta en la que quedó patente la realidad danesa de nuestra política: vivimos polarizados en dos bandos.

Sin duda, la principal grieta se ha fijado en cuestiones sociales como el feminismo y la manida unidad de España; con VOX resonando de fondo con un mitin refrito en redes pronunciado en la plaza de toros de Las Rozas de Madrid: su canal de comunicación tradicional y la tauromaquia; sus dos fetiches en esta campaña juntos para intentar hacer ruido.

A pesar de que los bloques parecen igualados, no hay nada más lejos de la realidad. Mientras que Rivera y Casado se pegaban como hienas por liderar la derecha, Pablo Iglesias ya se veía como número dos del Gobierno de Sánchez e incluso llegó a brindarle algún capote con las medidas sociales. Los 'rifirrafes' entre ambos fueron cuestión de trámite y ambos parecían mostrar su intención de proporcionar estabilidad institucional a la política española, mientras que los conservadores parecían una 'jaula de grillos'. Casi nada.

Ayer, la derecha dejó pasar la oportunidad de solventar sus errores, no ocupó espacio perdido y no ofreció imagen de solidez. Nuevamente, la izquierda demostró que está menos fragmentada por primera vez en la historia y que se constituye como un dique de contención frente a la amenaza de la ultraderecha y sus propuestas 'a la andaluza'.

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