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Crisis política en Irak: ¿Qué implica el retiro de Muqtada al-Sadr y las violentas movilizaciones en el país?

La salida del clérigo chií ha provocado una escalada de violencia e inestabilidad en el país asiático con intentos de invadir el Palacio Presidencial.

Crisis política en Irak: ¿Qué implica el retiro de Muqtada al-Sadr y las violentas movilizaciones en el país?

Redacción

30 Agosto 2022 10:36

El clérigo Muqtada al-Sadr ha anunciado su salida de la política iraquí, su intención de abandonar su carrera presidencial de manera definitiva y alejarse de su papel como uno de los políticos más influyentes en esta nación asiática pese a no haber alcanzado nunca un puesto en el gobierno.

Su decisión ha generado una auténtica conmoción nacional en Irak. Este 29 de agosto, se han registrado violentos disturbios en el país, donde 15 manifestantes han perdido la vida y otros 28 han resultado heridos durante violentas protestas.

La salida de al-Sadr ha provocado que muchos manifestantes hayan, incluso, intentado entrar en el Palacio Presidencial (han tomado en dos ocasiones el Parlamento de Irak), en teoría el lugar mejor protegido de esta nación asiática, llegando a arriesgar su vida en el intento.

El antecedente de la invasión de Irak y el temor de Irán

Los verdugos que terminaron con la vida de Sadam Husein en 2006 fueron seguidores del clérigo chií Muqtada al-Sadr al que, según relata el juez Munir Haddad que estuvo presente en la escena, dedicó sus últimas palabras el dictador antes de ser ejecutado en la horca.

Al-Sadr creció con la fundación de su propio partido, el Movimiento Sadrista, una formación que precisamente se nutrió de personas que habían sufrido la represión de partido Baaz, que daba forma ideológica al régimen de Husein. La muerte de su padre Sadeq, que había ofrecido multitud de plegarias como clérigos, cuando fue atacado a la salida de una mezquita en 1999 supuestamente a manos de agentes del gobierno de Sadam Husein, provoco revueltas entre la comunidad chií y engrandeció su figura, hasta 2003, cuando reapareció como reacción a Washington.

El vacío de poder dejado por la caída de la dictadura llevó a conflictos armados entre los seguidores de las dos ramas del Islam, chiíes y sunníes. Los sadristas, como chiíes, habían creado su propio ejército, el Mahdi, y llegaron a ser acusados de haber cometido crímenes contra ciudadanos sunníes.

Mientras tanto, el grupo empezó a ganar popularidad por su lucha contra las tropas de Estados Unidos, hasta el punto de que las fuerzas armadas del país norteamericano llegaron a fijarse como objetivo asesinar o capturar a al-Sadr.

Con la conformación del Movimiento Sadrista, abrió sedes en todo el país y recordó con ellas la figura de su padre, como 'mártir'. Rápidamente, atrajo a ellas a las clases más desfavorecidas, que podía encontrar servicios básicos que, de otra forma, veían restringidos, así como una mejora en la seguridad de sus calles.

Parálisis política

El retiro del clérigo deja el sistema político paralizado y ahora se teme que se repitan conflictos violentos entre los seguidores del clérigo religioso y las fuerzas de seguridad. Además, los miembros afines a los distintos partidos están armados, por lo que se teme un descenso a la violencia para arreglar cuentas pendientes.

El país árabe arrastra una parálisis que se extiende durante más de diez meses por la imposibilidad de llegar a acuerdos en un Parlamento completamente fragmentado que es incapaz de elegir un nuevo presidente y una nueva Administración que dirige al país.

Cabe tener en cuenta, por ejemplo, que Al-Sadr, que ganó las elecciones de 2012, intentó formar gobierno, fracasó. Intentó incluir a grupos sunníes y kurdos, en lo que llamó un ejecutivo de mayoría nacional, pero la ley le exigía dos tercios y la alianza no cumplía con las proporciones requeridas. Por ello, terminó retirando sus escaños del parlamento.

Al-Sadr pretende componer un Gobierno que excluya a los miembros afines a Irán de las instituciones, insiste en convocar elecciones anticipadas y disolver el Parlamento, alegando que ningún político que haya estado presente durante la invasión estadounidense de 2003 debe continuar en esta nueva etapa.

A pesar de la escalada de violencia que vive el país y los dos toques de queda que se han impuesto en el territorio, la salida de Al-Sadr no parece haber calmado los ánimos de sus seguidores, y hace temer una posible escalada de violencia.

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