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El camino a la radicalidad de Ayuso: de defender la Ley LGTBI a vomitar sobre el colectivo

Hubo un tiempo en que Ayuso defendía al colectivo LGTBI, pero sus flirteos con la extrema derecha han acabado por contagiarle su odio.

El camino a la radicalidad de Ayuso: de defender la Ley LGTBI a vomitar sobre el colectivo

Cómo puede cambiar la política en cuestión de cinco años. Buen ejemplo de ello es Isabel Díaz Ayuso, que ha pasado de tener un perfil moderno y renovador dentro del PP a abrazar las teorías más conservadoras y radicales. Especialmente preocupante es su deriva en torno a sus opiniones sobre la realidad y los derechos de colectivo LGTBI.

Corría el año 2016 cuando en la Comunidad de Madrid se aprobó la Ley contra la LGTBIfobia. Concretamente, la Ley 3/2016, de 22 de julio, de Protección Integral contra LGTBIfobia y la Discriminación por Razón de Orientación e Identidad Sexual. Impulsada por el Gobierno de Cristina Cifuentes, salió adelante por unanimidad (incorporando 86 enmiendas de la oposición), aunque dos diputados del PP se ausentaron de la votación para evitar votar la norma. La que sí que votó a favor fue Isabel Díaz Ayuso, diputada popular por aquel entonces.

Fuera de la Asamblea, Ayuso también defendía con vehemencia esta ley. A través de Twitter, la conservadora se afanó en desmentir algunos bulos que desde la extrema derecha difundía sobre la norma. "Nadie pierde libertad ni impone. Madrid da un paso adelante", escribía, compartiendo una infografía de "Verdades" y "Mentiras" para aclarar algunos puntos de la Ley contra la LGTBIfobia.

Especialmente llamativo fue el cruce de palabras que tuvo con Carla Toscano, actual diputada de VOX en el Congreso. "¿Por qué una ley contra la LGTBIfobia y contra la discriminación por razón de orientación e identidad sexual?", lanzó Ayuso en Twitter compartiendo el preámbulo del texto. La ultraderechista entonces le contestó: "Entonces, ¿por qué esa ley?". Ayuso respondió tajante: "Porque hay discriminación, porque hay gente que no puede vivir en plenitud ni en libertad a causa de prejuicios ajenos".

El cruce de tuits no quedó ahí. Toscano replicó pregunta sobre su "libertad" para educar a sus hijos. "¿Qué libertad pierdes?", se preguntó la del PP. "La de educar a mis hijos de acuerdo con mis convicciones morales", continuó la de extrema derecha. Ayuso, de nuevo, volvió a ser clara: "Le puedes educar en las mismas convicciones de siempre. Tratar la realidad plural de la sociedad no es un tema moral".

Gobernando con odio

Saltamos ahora al 2021. Isabel Díaz Ayuso, aunque perdió las elecciones de 2019, consiguió convertirse en presidenta de la Comunidad de Madrid pactando con Ciudadanos y con el apoyo de VOX. En 2021, rompió el acuerdo con los naranjas, convocó elecciones y arrasó, pudiendo gobernar en solitario aunque sin llegar a la mayoría absoluta, por lo que sus posiciones, tras varios meses de guiños, acabó por acercarse a la extrema derecha.

Su radicalidad ha acabado por cristalizarse en un rechazo manifiesto hacia el colectivo LGTBI, presentando sus derechos como moneda de cambio para conseguir apoyos de VOX o para sumar las simpatías de los sectores más ultraconservadores de la sociedad. Así, Ayuso ya ha dejado caer en algún que otro momento que habría que derogar artículos de la Ley contra la LGTBIfobia de la Comunidad de Madrid, la misma que ella defendió y que votó a favor.

Más allá de acabar con gesto simbólico de colgar la bandera arcoíris en el balcón de la Puerta del Sol durante el Orgullo LGTBI, Ayuso también ha mostrado cierta simpatía por el veto parental que trata de implantar VOX ("Habrá padres que no quieran a sus hijos en talleres sobre LGTBI", defendió en la Asamblea) y ha cargado contra el activismo LGTBI. "Crean víctimas como modo de vida", defendió, reduciendo a meros "incidentes puntuales" las 321 agresiones LGTBIfóbicas registradas en Madrid en el año 2019.

Su última perla ha sido a raíz de la denuncia falsa del joven de Malasaña que aseguro haber sufrido una grave agresión por la que le marcaron la palabra "maricón" en el glúteo con una navaja. A pesar de que en España esa misma semana se registraron tres agresiones más y que el repunte de odio contra la comunidad LGTBI es una realidad, la presidenta de la Comunidad de Madrid prefirió aferrarse a una única denuncia falsa de los más de 700 delitos de odio denunciados para atacar y cuestionar al colectivo."Yo voy a trabajar para que ni homosexuales ni transexuales se dejen colectivizar. No voy a permitir que asociaciones ni colectivos ni leyes injustas promuevan divisiones por sexos no por identidades", explicó, dejando clara su postura: su Gobierno da la espalda a gays, lesbianas, bisexuales y trans.

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