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Política

El suicidio de Rivera: por qué pasó del éxito a dimitir de un partido hundido en seis meses

La formación de Albert Rivera ha dejado de soñar con el sorpasso al PP a intentar que VOX no le supere en votos.

El suicidio de Rivera: por qué pasó del éxito a dimitir de un partido hundido en seis meses

La dimisión de Albert Rivera ha sido la última prueba del fallo de una estrategia en la que Ciudadanos se embarcó tras la victoria en las elecciones catalanas del año 2017.

El plan de los naranjas pasaba por dejar a un PP cociéndose en la salsa de la corrupción y a un PSOE volcado en sus pactos con los nacionalistas para liderar la polarización con Cataluña y erigirse en el líder del centroderecha con posibilidades de Gobierno.

Rivera no había escondido su agotamiento por ejercer como bisagra, siempre a la sombra de los dos grandes. Pero hubo algo en lo que falló: estaba planteando una estrategia con demasiados condicionantes abiertos que no era capaz de controlar y, además, protagonizó algunos movimientos erráticos que han dejado a su partido en la irrelevancia política.

La historia de los dos últimos años de Ciudadanos es la de un suicidio político. De liderar un partido atractivo en alza a quedar como sexta fuerza política por detrás de ERC. De controlar un centro político capaz de jugar a dos bandas y mantenerse como piedra angular de la estabilidad política, a convertirse en una herramienta inútil en plena crisis institucional.

¿Qué ha fallado concretamente en la estrategia de Rivera? ¿Por qué ha protagonizado la mayor debacle política de la última democracia española, con el permiso de UCD? Vamos a analizar algunos de los factores que han podido influir seramente en esta situación:

1 Una política de pactos errática, especialmente a nivel local y regional

Ciudadanos se ha escorado demasiad a la derecha y ha revitalizado al PP con sus pactos
"Ciudadanos se ha escorado demasiad a la derecha y ha revitalizado al PP con sus pactos"

La política de pactos de Ciudadanos ha virado en los últimos años. En su primera etapa, el partido tenía como eje fundamental la lucha contra el nacionalismo en las instituciones. Luego, con su ascenso nacional, la formación naranja apostó por erigirse en la bisagra que permitiera reducir la influencia de posconvergentes o peneuvistas, así como ofrecer estabilidad en el Congreso.

En estos casos, Ciudadanos tuvo un ascenso lento, pero progresivo, consolidado y con marcado carácter de tendencia. Hasta que llegó diciembre de 2017. Y ahí cambió todo. Vamos a analizarlo mientras comentamos el contexto.

La victoria de la formación naranja en las catalanas aupó al partido a la primera posición nacional, algo que se rompió con la moción de censura que acabó con la primacía de Albert Rivera. Ahí nació el odio hacia Pedro Sánchez, que arrebató el sueño de conquistar La Moncloa, por lo que Rivera pasó a intentar una estrategia caníbal con el PP. 

A estas alturas, el PP con Pablo Casado al frente ya olía a UCI y el 28-A convirtió Génova en un funeral. Ciudadanos podría haber dado la puntilla al partido poco después, en las autonómicas y municipales del 26-M, dando los gobiernos regionales de Castilla y León, Murcia o Madrid al PSOE, quedándose con capitales como contraprestación y alcanzando un papel de formación de Estado frente a un PP castigado por su pasado.

En vez de esto, de poder gobernar ayuntamientos y de erigirse como adalid de la regeneración; la formación naranja apostó por encumbrar a Isabel Díaz Ayuso, manchada por Avalmadrid. Lo mismo sucedió en Murcia y en Castilla y León, donde hubo serias peleas internas para evitar esta decisión (con pucherazos de expopulares incluidos).

Aquello comportó dos errores. Primero, el abandono de la bisagra del "ni rojos, ni azules", abrazando de golpe la política de bloques en el ala conservadora y expulsando a aquel votante más situado en el centro o centroizquierda. Segundo, una revitalización del PP, que vio los gobiernos regionales como un auténtico balón de oxígeno para recuperarse como un partido determinante en la política española.

Todo ello dañó seriamente a Ciudadanos, que por el momento no consigue rentabilizar su experiencia de gobierno, a pesar de que Ignacio Aguado ostenta actualmente la portavocía de la Comunidad de Madrid.

2 No haber construido un espacio a la izquierda de Rivera

Rivera abandonó al sector socioliberal del partido y, con ello, a un elevado número de votantes
"Rivera abandonó al sector socioliberal del partido y, con ello, a un elevado número de votantes"

Albert Rivera minó su partido de disidentes durante su última etapa. Los argumentos de estos disidentes, que pedían mantener el partido como en los orígenes, como un partido de centro capaz de pactar a izquierda y derecha; así como alejado de extremismos, ahora se han evidenciado como una certeza.

Como hemos comprobado, sus pactos en Madrid y Castilla y León, feudos históricos del PP, han supuesto un balón de oxígeno para Génova y han abrasado a los naranjas, que no eran capaces de valorar errores. De hecho, los únicos que los veían, terminaban expulsados del partido.

Pero esto también ha ayudado a perder todo el espacio hacia la izquierda, el bloque socioliberal, con el que el partido aspiraba a morder al PSOE. Si hubieran llegado a acuerdos con los socialistas, ahora podría estar gestionando el Ayuntamiento de Madrid, quizás en un acuerdo a media legislatura con Carmena y mantener un acuerdo de gobernabilidad con el PSOE.

Ciudadanos, lejos de quemarse con Avalmadrid y vivir acusaciones de deslealtad, ahora estaría abriendo todos los cajones de una de las regiones que más ha vivido la corrupción en toda España.

Pero, lejos de ello, ha optado por mantener en la Administración a la misma gente que ha gobernado durante los últimos 24 años, sobre todo como consecuencia de la falta de cuadros medios de confianza que sufren los naranjas.

Todo ello ha imprimido a los gobiernos de Ciudadanos una sensación de continuismo, de mantenerse en la misma dirección. De falta de regeneración política, uno de los caballos de batalla que el partido había convertido en su propia baza electoral.

3 No supo ver al electorado marianista huérfano

El abandono de la centralidad del PP era un caladero de votos perfecto que desaprovechó Ciudadanos
"El abandono de la centralidad del PP era un caladero de votos perfecto que desaprovechó Ciudadanos"

El giro a la derecha del PP podría haber sido un regalo para un Ciudadanos que no había apoyado la moción de censura. La salida del sector moderado del partido, encabezado por Soraya Sáenz de Santamaría (que ganó entre la militancia) era el caldo de cultivo perfecto para construir un espacio de centroderecha moderado y capaz de seducir a la izquierda más conservadora.

Lejos de ello, Ciudadanos y PP optaron por competir con VOX acorralando a los tres partidosen un pequeño hueco electoral que representa a muy pocos votantes, como ha reconocido el propio Casado.

4 No supo tener en cuenta la necesidad de consolidar su fuerza parlamentaria

Atendiendo al anterior punto, es cierto que los resultados del 28-A fueron especialmente altos para Ciudadanos. La formación naranja estuvo a punto del sorpasso al PP y casi se convierte en una formación con aspiraciones reales de Gobierno.

El fallo, en ese caso, fue el de pensar que aquel peso estaba completamente consolidado y se iba a repetir en futuros comicios. Ciudadanos no supo ver una situación de excepcionalidad, un simple voto de confianza que necesitaba años de escenificación en un Parlamento para consolidarse en el futuro.

El votante derechista suele ser muy fiel a sus partidos y, en este caso, lo podría haber sido con Ciudadanos si hubiera visto cuatro años de trabajo en los que hubiese dirigido al PSOE al centro.

Con 57 escaños, su fuerza habría sido determinante para sacar medidas concretas e, incluso, conseguir una buena representación en el Consejo de Ministros. Incluso podrían haber vendido el mantra de "haber salvado a España de los independentistas".

No optaron por ello y ahora, con solo 10 diputados, Ciudadanos queda subordinado a la auténtica irrelevancia, puesto que incluso ERC, un partido regional, tiene mayor peso en el Congreso de los Diputados.

5 Una estrategia cortoplacista plagada de bandazos

Ciudadanos ha protagonizado multitud de bandazos en su afán por conquistar la derecha que le han alejado de sus verdaderos votantes
"Ciudadanos ha protagonizado multitud de bandazos en su afán por conquistar la derecha que le han alejado de sus verdaderos votantes"

Ciudadanos ha evidenciado durante los últimos dos años una estrategia plagada de bandazos y un serio cortoplacismo que no le ha permitido construir una victoria sólida, como después se ha comprobado.

Los reproches en torno a su gestión de la victoria catalana fueron notables, puesto que no intentó siquiera escenificar su capacidad de primera fuerza para presentarse a una sesión de investidura en el Parlament.

Pero los gestos más notables se aprecian en los últimos meses. Por ejemplo, la ingente necesidad de confrontar con Cayetana Álvarez de Toledo en el Congreso, llevándose a Inés Arrimadas de Barcelona y dejando en el Parlament a una persona que no ha logrado conquistar el mismo carisma y visibilidad que su antecesora.

Tampoco se entiende que el líder de un partido que se erigía como formación de Gobierno no tuviera, siquiera, el decoro de acudir a las citas a las que le convocaba el presidente. Algo que el líder del PP no rechazaba.

También es cuestionable su gestión del Orgullo LGTBI, donde acudieron sin estar invitados con una pancarta sin reivindicaciones ("Al Orgullo, ¡Vamos!"), enfrentándose a los presentes y vendiendo al colectivo como una suerte de agrupación política fanatizada por socialistas y morados.

Y también era cuestionable la estridencia de Ciudadanos, el partido liberal europeísta, a la hora de debatir con el PSOE y la tranquilidad que se evidenciaba con la ultraderecha de VOX. Un gesto que, unido a los pactos en Andalucía, le valió para romper con el referente de Rivera, el presidente francés Emmanuel Macron.

Y no hablemos de los últimos días de campaña, con los adoquines y el perro. Si hay algo que Gabriel Rufián ha aprendido, según sus propias palabras, es que llevar impresoras al Congreso hace que la gente se quede con la foto, el meme, y no con el mensaje. ¿Deberían tomar nota en Ciudadanos?

6 Demasiados casos oscuros de transfuguismo

El fichaje de Silvia Clemente (dcha), procedente del PP, estuvo plagado de irregularidades
"El fichaje de Silvia Clemente (dcha), procedente del PP, estuvo plagado de irregularidades"

El transfuguismo, al menos en España, se castiga electoralmente. Al votante no le gusta que un miembro de un partido evidencie su deslealtad y se marche de casa sin avisar para aparecer al día siguiente ofreciendo una rueda de prensa junto a tu rival electoral. Sí, hablamos de Ángel Garrido.

Es cierto que los nuevos partidos captan cuadros de las formaciones más tradicionales. Pero, lo normal, es que lo hagan sin chanchullos ni un tufo a corrupción política que puede terminar dañando sus perspectivas. Por eso, por ejemplo, no hubo polémica con la llegada de Carina Mejías desde el PP.

El caso más sonado en este sentido es el de la expresidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente. Enfrentada con el candidato Mañueco, quien le arrebató la presidencia del partido, finalmente se pasó a Ciudadanos en una operación que nadie esperaba.

Aquello fue un despropósito. A Clemente le saltaron casos de supuesta corrupción en la concesión de ayudas públicas (que finalmente han sido archivados). La intención de Rivera era muy clara: colocarla de candidata y evidenciar que el PP se marchaba a su partido.

El problema de todo es que su victoria en las primarias fue... por pucherazo. Hubo cientos de votos irregulares que llevaron finalmente a anular la votación y colocar a un crítico con Rivera, Francisco Igea, que hoy es vicepresidente de la Junta.

7 Superar al PP... ¿Siendo una copia?

Rivera no supo diferenciar su partido del PP y finalmente el electorado ha apostado por el original
"Rivera no supo diferenciar su partido del PP y finalmente el electorado ha apostado por el original"

Todos esos gestos cortoplacistas, sin duda, tenían una finalidad: convertir a Ciudadanos en la piedra angular del centroderecha español. El problema es que para ello... querían hacer una copia del PP.

La formación naranja debería haber jugado un papel de distanciamiento, manteniendo la estrategia que había llevado al partido a crecer como la espuma en todo el país.

Rivera se había cansado de ser una bisagra, como la mayoría de liberales europeos y quería conquistar La Moncloa. Sin embargo, una serie de errores fatales han dejado su sueño en una mala pesadilla.

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