La estrategia comunicativa de VOX y el papel de los medios de comunicación

La estrategia comunicativa de VOX y el papel de los medios de comunicación

El partido de extrema derecha eclipsa a los grandes partidos en su comunicación política.

Poco o nada tiene que ver el VOX que conocemos con el que comenzó su andadura allá por el muy lejano -en tiempo político- diciembre de 2013, cuando un grupo de tránsfugas y nostálgicos, ante la imposibilidad de crear facciones internas, consagrada en los Estatutos del Partido Popular, crearon una formación que se situaba a la derecha de lo que ellos consideraban una deriva izquierdista imposible, la del Partido Popular de Mariano Rajoy. Tampoco hay muchos paralelismos entre el Santiago Abascal que vivía feliz y dócilmente del erario público y el que conocemos ahora, abanderado del liberalismo más radical y defensor a ultranza del adelgazamiento de las diferentes Administraciones, sobre las que nunca protestó mientras tuvo despacho y sillón en ellas.

Pero si algo caracteriza a VOX es su estrategia de comunicación, basada en la tradición norteamericana, donde la comunicación política se basa en el entretenimiento, en el show, en suma, en no aburrir con discursos que nadie entiende. El partido de Abascal ha copiado la estrategia de Salvini en Italia, Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos -destaquemos, para los que no se hayan percatado todavía, que todos ellos son gobernantes en la actualidad- y, ante el silencio impuesto por los grandes medios de comunicación, inmersos en una espiral de desprestigio de la que será muy difícil que salgan indemnes, ellos supieron ver la gran oportunidad: las redes sociales.

Así consiguieron intercambiar su rol, los que antes despreciaban ahora eran despreciados y, atónitos, asistían al meteórico despegue que estos emprendieron en redes sociales como Instagram, su preferida, donde prima la inmediatez, la falta de veracidad -eso que ahora se llama fake news- y la nula complejidad argumental; pero, como ya hemos dicho, ellos no buscan el argumento sino el entretenimiento. La política ha de ser un show para que los ciudadanos no desconecten de ella, es una receta básica del populismo de antes y ahora, aprovecharse de situaciones límites para aparecer como salvapatrias y captar el voto descontento o, más bien, desesperado.

El acto de Vistalegre supuso un antes y un después para la formación. Allí, ante más de 10.000 personas, Abascal bautizó a la "derechita cobarde" y a los enemigos a batir, "nosotros somos anticomunistas y antipodemitas", arengando a las masas y dando el pistoletazo de salida a una larguísima precampaña que tendría sus primeros frutos en las elecciones andaluzas, donde entraron en el Parlamento autonómico con doce escaños y fueron llave de gobierno. Ya no necesitaban nadar a mar abierto para colgar una bandera en el peñón de Gibraltar ni entregar unas esposas a Puigdemont, este era su momento e iban a aprovecharlo con o sin medios de comunicación.

Instagram y WhatsApp: sus redes

Instagram es una red joven creada para jóvenes -sus usuarios suelen estar entre los 16 y los 30 años-, así, más del 60% de los seguidores instagramers de la formación verde tienen menos de 35 años, y los de Abascal, como podemos ver en la gráfica 1, solo tienen cerca el perfil de un partido que ni en sus mejores sueños conseguiría representación institucional sin aliarse a otros más potentes, PACMA. La sideral distancia a la que se encuentran los perfiles políticos de los otros cuatro grandes partidos, todos ellos con representación parlamentaria, ya nos indica la popularidad de que gozan entre los usuarios de la citada red y, sobre todo, de la más que acertada estrategia de comunicación que siguen.

Si dejamos los perfiles de los partidos políticos y nos centramos en los de sus líderes, Abascal también se lleva el oro, pues tan solo Rivera consigue acercarse tímidamente al de extrema derecha. Sus mensajes suelen ser grabados, vídeos cortos de entre 15 y 60 segundos, donde prima un mensaje directo y básico, pero no solo eso, también recurren con facilidad a los memes, donde suelen reírse de propios y extraños a fin de captar adeptos.

La otra red social por la que sienten debilidad es WhatsApp, donde tienen un ejército de fieles que se encargan de difundir los mensajes, con el efecto multiplicador que eso conlleva, es esta red el lugar perfecto para mover bulos, noticias falsas, medias verdades y datos estadísticos trucados que manejan a su conveniencia. VOX es ese partido que, como todos los populistas, prefiere debates etéreos sobre temas poco concretos, pues al ir al detalle de los mismos, son incapaces de explicar el proyecto que tienen y las soluciones que proponen.

Argumentos frente a falacias

Frente al panorama anteriormente expuesto, se encuentran los partidos con representación parlamentaria, aquellos que siguen descolocados ante la llegada de VOX. La estrategia de estos es entrar en el juego de los de Abascal, bajando al barro y entablando conversaciones, vía redes sociales, que de antemano tienen perdidas, pues estos aceptan sus reglas y marco, adaptan su lenguaje, y ahí siempre gana el profesional, nunca el sucedáneo.

Respecto a los grandes medios de comunicación, los mismos que antes impusieron el silencio sobre VOX, ahora vemos como claman por la presencia de sus líderes en el prime time, donde desaprovechan la ocasión para ponerlos contra las cuerdas, documentar y contrastar información para neutralizar los mensajes que estos envían impunemente donde no hay nadie capaz de contrarrestarlos, en las redes.

Lejos de esto, los periodistas, edulcoran las entrevistan y permiten que sus líderes den grandes mítines en los que esputan proclamas tan bárbaras como las relacionadas con la violencia de género o las leyes LGTBI. Los grandes medios no pueden servir de amplificadores de sus ideas sino de severos e intransigentes evaluadores de la verdad y desmontadores de ideas que solo nos retrotraen en el tiempo.

El mensaje de "vienen los fascistas, vamos a combatirlos", está tan trasnochado como las propias ideas de VOX, el término "fascista" está tan manido por su uso incorrecto que ya a nadie asusta ni alarma, pero sí hay que saber que estamos ante un partido de extrema derecha que, sin pudor alguno, expone que recortarán derechos y libertades para, según ellos, favorecer a los desfavorecidos -sus desfavorecidos-; y esto no se para con mensajes indignados en Twitter ni entrevistas carentes de forma y fondo, sino con un hilo argumental potente y sólido capaz de desmontar la involución a la que quieren someternos, devolviéndonos a la oscuridad que dejamos atrás hace cuarenta años, cuando la luz de la democracia se impuso en este gran país, que no es propiedad de VOX sino de todos los españoles.

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