El peligro de la abstención: El 10-N, votar será el mayor acto de rebeldía

El peligro de la abstención: El 10-N, votar será el mayor acto de rebeldía

El hartazgo de la sociedad española se traducirá en una alta abstención el 10 de noviembre, algo que puede ser peligroso.

En España el comportamiento electoral se ha comportado de forma irregular a lo largo de estos cuarenta años de democracia, alcanzando el pico de mayor participación en las elecciones de 1982 (80,0 %) y el de menor en 2016 (66,5 %).

Con los datos que tenemos, podemos observar que la participación ha seguido una tendencia descendente, especialmente en las elecciones generales de 2011, 2015 y 2016, ya que en ninguna se alcanzó un 70%, tendencia que se rompió en las pasadas elecciones del 28 de abril (75,75 %).

Se ha comprobado que una alta participación beneficia a la izquierda, mientras que una alta abstención beneficia a la derecha, lo cual puede entenderse por los altos niveles de fidelidad que presenta el votante conservador, frente a la fácil apatía o cambio del sentido del voto del votante progresista.

Si las elecciones del 28 de abril fueron históricas porque el bloque de izquierdas fue capaz de despertar a sus potenciales votantes frente a la "amenaza" que se cernía si ganaba la derecha, las del 10 de noviembre pueden ser históricas por volver a la apatía que de que hablábamos antes, alcanzando la abstención otro record. El votante de izquierdas que atendió la llamada de sus líderes para "frenar a las tres derechas", no ha visto satisfechos sus deseos y, es más, tan solo ha visto que la izquierda es incapaz de ponerse de acuerdo, derrochando así el caudal de votos y confianza ciudadana que recibieron. Algo que ya nos invita a pensar que muchos de ellos no volverán a las urnas en un acto de rebeldía que se fundamenta en la decepción política provocada por la incapacidad para conformar un gobierno progresista.

¿Es normal que aumente la abstención?

Pedro Sánchez ganó las elecciones generales del 28 de abril pero no ha podido formar Gobierno "Pedro Sánchez ganó las elecciones generales del 28 de abril pero no ha podido formar Gobierno"

Sí, lo es, pues algo similar está sucediendo en otros países europeos, que también ven disminuir la participación por diversos fenómenos, entre otros, la desafección política que ya no se satisface ni con partidos de corte populistas, ya sean de derecha o izquierda. En algunos casos, podríamos decir que la abstención es un mecanismo de autodefensa del que está provisto el ciudadano que ve con apatía la situación política. Este mecanismo se utilizaría como acto-protesta para enviar un mensaje claro, sin intermediarios, al político; lo que no siempre -es más, nunca- garantiza que éste vaya a entenderlo, asimilarlo y actuar en consecuencia.

En España, el comportamiento electoral varía mucho según el nivel administrativo del que hablemos, pues el ciudadano suele movilizarse mucho más en elecciones municipales y autonómicas que en las nacionales, llegando a la cúspide del abstencionismo cuando hablamos del Parlamento Europeo; esto podría explicarse por la proximidad y afectación de los temas que se tratan en los distintos niveles, de lo que le importe la agenda política y el resultado, percibiéndose siempre como algo más importante, por cotidiano, el nivel municipal.

En alguna ocasión dijo Pablo Iglesias que los escraches eran "jarabe democrático", esta vez me permitiré decirle que se confundía, el jarabe democrático lo aplica el ciudadano por medio de la abstención, la pena es que el político no sea capaz de calibrar la gravedad de la enfermedad que se intenta curar.

10N: El desencanto de un pueblo

Íñigo Errejón espera evitar buena parte de la abstención "Íñigo Errejón espera evitar buena parte de la abstención"

El efecto Errejonista prometía reducir la abstención, despertar al ciudadano apático, pero los sondeos demoscópicos nos dicen que no será así o, en el mejor de los casos, lo será en muy pequeña medida. El derecho al cabreo ciudadano no está recogido en ninguna norma del ordenamiento jurídico español, pero el ejercicio democrático del voto en España no es obligatorio, por lo que podríamos decir que "lo servido por lo comido". El español medio está cabreado, apático y defraudado por una clase dirigente que cada vez se sitúa más lejos, que habla de cosas que interesan menos y solo buscan el beneficio propio, algo muy diferente a lo que es el buen ejercicio de la acción política.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta que tener elecciones democráticas es derecho que el español se ganó con sudor, lágrimas y sangre, parece disparatado renunciar al mismo y quedarse en casa. Votar, aunque sea cabreado, es el mayor acto de rebeldía que un ciudadano puede hacer, porque por medio del voto se cambia todo, sin embargo, por medio de la abstención, nada. Si el político español no entiende el mensaje que se lanza con la abstención, enviemos mensajes por medio de partición masiva, cambiando el sentido del voto, manteniéndolo, votando en blanco o nulo, pero participando, diciendo al legislador que estamos aquí, que no vamos a permitir que se pisoteen más nuestros derechos por juegos políticos con fines partidistas.

El domingo 10 de noviembre tenemos una oportunidad excelente para alzar la voz sin necesidad de gritar, de llamar al entendimiento, de frenar los populismos y radicalismos, de cambiar las cosas. Nosotros, los ciudadanos, tenemos que tener la responsabilidad que no tienen ellos, los políticos. Si ellos no quieren hacer su trabajo, nosotros sí queremos mantener nuestros derechos, y para que nunca vuelva a la piel de toro la obligación e imposición, votaremos, con v o b, según el fin, pero sabiendo que éste es el único y más preciado medio que tenemos.

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