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Política

Nuevas elecciones para que todo siga igual: el fracaso de la política española

El 10 de noviembre se celebrarán elecciones generales, la cuarta convocatoria electoral que se produce en los últimos cuatro años.

Nuevas elecciones para que todo siga igual: el fracaso de la política española

En unas horas vencerá el plazo estipulado por ley y, de forma automática, a petición de la Presidenta del Congreso de los Diputados, el rey firmará el decreto de disolución de las Cortes Generales que han conformado la XIII Legislatura.

El 28 de abril los españoles fuimos a votar alcanzando uno de los mejores datos de participación de las últimas convocatorias electorales, un 71,76%, lo que supuso un aumento del 5,3% respecto a los comicios de 2017, pero eso no fue suficiente para convencer a los legisladores electos del encargo que habían recibido. Y tras cinco meses de campaña electoral y, en absoluto, de negociación para conformar gobierno, estamos en la antesala de la cuarta convocatoria electoral que se produce en los últimos cuatro años. Algo inédito por lo que supone de fracaso político y también por el mensaje que estos mandan a los españoles y al exterior. Si Italia es el país experto en crear gobiernos débiles para, inmediatamente después, dejarlos caer; España es el país experto en celebrar elecciones sin que estas surtan el efecto esperado, conformar gobierno.

Fracaso histórico

Pedro Sánchez y Carmen Calvo en el Congreso de los diputados "Pedro Sánchez y Carmen Calvo en el Congreso de los diputados"

Situémonos: el 28 de abril la mayoría de españoles mandan un mensaje claro y nítido, Pedro Sánchez, como líder del partido más votado, tiene el encargo de dialogar con las demás fuerzas políticas para conseguir ser investido Presidente del Gobierno. Esa misma noche, en Moncloa y Ferraz, a la vista de los resultados, los socialistas más aventajados vivieron la victoria con un sabor agridulce, pues la aritmética parlamentaría solo permitía un gobierno con Unidas Podemos (123 + 42) apoyados por los nacionalistas (32) -bien por medio de una abstención o por un acuerdo de investidura- o, por el contrario, uno con Albert Rivera (123 + 57), algo que desde ese mismo instante se antojaba inalcanzable. Otra posibilidad, y una de las que más convencía a Sánchez, era dejar pasar el tiempo y presionar a un Partido Popular (66) desfondado y a un Ciudadanos luchando por la hegemonía del centro-derecha para que ambos, por sentido de Estado, se abstuvieran. Sánchez soñaba con lo que él mismo negó a Mariano Rajoy en 2017, y lo que provocó su dimisión como diputado y secretario general del PSOE.

La crónica de una muerte anunciada -discúlpenme por mezclar a García Márquez en estos temas-, que se percibía desde el inicio de la obra teatral llamada "negociación e imposición", se constató el 25 de julio, cuando Sánchez, en segunda votación, no obtiene la confianza de la Cámara y, con ello, fracasa la investidura. En ese momento, todos los puentes estaban volados, ya no quedaba nada, ni tan siquiera una grieta en el inquebrantable muro de hormigón de la fallida negociación, que permitiese ver la luz al final del túnel.

El PSOE tiró de historial político y, en boca de su jefa en mando para la negociación, Carmen Calvo, se apeló a los 140 años de historia, a su vocación de gobierno y a la seriedad de los socialistas a la hora de hablar de España, estrategia diseñada para achicar a Podemos, pero que se topó con Enrique Santiago, secretario general del PCE, que hizo lo propio al recordar los casi 100 años de su formación. En suma, ya estaban enfrascados en lo que después se llamó "el relato".

La obsesión por ganar el relato impidió al bloque de izquierdas ver la oportunidad histórica ante la que se encontraban. Sánchez puso condiciones duras, por no decir humillantes, a un Podemos que estaba desfondado tras perder casi todo el poder autonómico y local, pero Iglesias supo aguantar el pulso y, en un acto que descolocó a propios y extraños, incluso aceptó no estar en la terna de ministeriables de los morados. De nada sirvió, pues el presidente en funciones ya lo tenía decidido: quería elecciones el 10 de noviembre.

¿Y ahora, qué?

Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos "Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos"

En la precampaña y campaña electoral que tenemos por delante, veremos actitudes muy diferentes a las del pasado mes de abril. El PSOE moderará su discurso e intentará convencer sobre su postura inflexible sobre Cataluña, lo que supondrá un intento de ir al centro-izquierda y atrapar votos que antes fueron para Ciudadanos. Por su parte, el Partido Popular no tendrá más opciones que hacer lo propio y moderar su discurso, en lo que será una campaña casi de guante blanco, centrándose en la economía y el empleo, los dos temas que, según sus propios dirigentes, siempre funcionan a los populares. También está Ciudadanos en la diana de sus deseos, llamarán al votante para que "vuelva a casa", un mensaje dirigido a los españoles que confiaron en Ciudadanos porque los populares habían virado de forma vertiginosa a la derecha. Unidas Podemos tendrá que ser capaz de convencer con su relato, porque lo cierto es que hasta julio ellos sí negociaron. Se presentarán como la verdadera izquierda, frente a un PSOE que, en palabras de su líder "no dormiría" si pacta con los morados. Lo que probablemente quite el sueño a Iglesias es el salto de Errejón, con Más Madrid, a la política nacional, aunque su éxito va a depender mucho de la estrategia que sigan, pueden ser muy fuertes y tener un papel fundamental si solo se presentan por Madrid, mientras que pueden servir de elemento debilitador del bloque de izquierdas si deciden hacerlo en todo el país, ya que seria un elemento más para fragmentar el voto de izquierdas.

En todo esto, el papel más complicado lo tiene Ciudadanos, que solo podrán a apelar a dos cosas: al cumplimiento de la palabra que dio su líder a los votantes y a la oferta de última hora con el único fin de evitar la repetición electoral. No olvidemos que Ciudadanos tiene en torno al 45 % de fidelidad de voto, mientras que el resto de partidos están en torno al 70 %, ni que solo el 2 % de los ciudadanos que votaron a los naranjas en las pasadas elecciones general se declaran muy cercanos al partido, mientras que otros partidos con un historial parecido como pueden ser Podemos y VOX, alcanzan entre el 9% y el 11%. Esto se debe a la posición ideológica original de Ciudadanos, autoubicándose en el centro, por lo que tiene más opciones de ser votado por un ciudadano de izquierda o derecha moderada pero, en idéntico porcentaje, tiene opciones de que estos se vayan. Su espacio político está tan cercano al de partidos como PSOE o PP, que se antoja imposible reducir esos 25 puntos de diferencia en fidelidad de voto.

VOX, por su parte, es una incógnita de cara a estas generales, su actitud y estrategia va a depender mucho de la fidelidad de sus votantes y, sobre todo, del porcentaje de votos que consigan en cada circunscripción, porque se juegan muchos escaños en muy pocos votos. Una de sus mayores amenazas es la fuga de votos que pueden sufrir a favor de los populares.

Bloques y bloqueo

El 10 de noviembre, nuevas elecciones generales "El 10 de noviembre, nuevas elecciones generales"

Las elecciones del 10 de noviembre no supondrán grandes cambios en la correlación de fuerzas, por lo que seguiremos con dos bloques perfectamente definidos que, esperemos, no vuelvan a bloquear. Tras esta innecesaria repetición electoral y habiendo trasladado a los ciudadanos que votan mal y por eso hay que repetir las elecciones, veremos un aumento muy significativo de la abstención, algo normal si los líderes políticos juegan con el valor del voto.

En definitiva, estamos ante un fracaso constatado que no servirá para cambiar la situación, lo importante vendrá el lunes 11 de noviembre, cuando comprobemos hasta dónde y quiénes están dispuestos a ceder para que se pueda conformar gobierno. Esta vez los partidos no podrán hacer otra cosa que evitar el bloqueo porque, de lo contrario, y en unas terceras elecciones, la única solución viable sería que todos se marchen a sus casas y pongan al frente de sus organizaciones a personas que piensen más en el interés general del país que en el propio o el de su partido. Veremos qué pasa, lo que ya podemos tener claro, es que nos esperan días de muchos reproches entre políticos, muchas promesas vacuas a los ciudadanos y una merma importante de la paciencia del ciudadano que, perplejo, asiste a un espectáculo que nunca debió suceder.

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