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Así fue la accidentada noche de bodas de Juan Carlos y Sofía, según Pilar Eyre

Tras la boda, celebrada el 14 de mayo de 1962, los royals se hospedaron en un velero de lujo, pero algo salió mal...

Así fue la accidentada noche de bodas de Juan Carlos y Sofía, según Pilar Eyre

El cuento de príncipe conoce a princesa, se enamoran, se casan y vivieron felices y comieron perdices no terminó de cuajar en la casa real española. Y sino que se lo pregunten a los reyes eméritos, don Juan Carlos y doña Sofía. Para nadie es un secreto que su matrimonio nunca fue feliz y ha estado marcado por las infidelidades de él. Aguantaron juntos y se respetaron por la corona, sin tener apenas relación más allá de los actos en los que tenían que aparecer juntos, situación que se ha ido tensando más en los últimos años a raíz de los escándalos del Borbón.

Fue el 14 de mayo de 1962 cuando Atenas acogió el enlace matrimonial entre el por entonces príncipe Juan Carlos de España y la hija mayor de los reyes de Grecia, Sofía. Sobre los entresijos de los ceremonia se ha escrito mucho, pero, ¿cómo fue la noche de bodas? Uno de los momentos más especiales de un día así es cuando la pareja disfruta de la intimidad, pero parece que en este caso, también estuvo marcado por el infortunio.

Según relata Pilar Eyre en su blog de Lecturas, el multimillonario Niarchos, "además de regalarle a Sofía un espléndido conjunto de diadema, collar y pendientes de Van Cleef con gruesos rubíes rodeados de brillantes", también les ofreció un lujoso velero, el 'Creole', para que pasasen su noche de bodas. El camarote, según cuenta la periodista, estaba recubierto de moqueta blanca y alfombrillas de ciervo, los muebles estaba compuestos de veinte tipos de madera diferentes, las paredes estaban cubiertas con cuadros impresionantes e iconos rusos y la cama, en medio de la suite, tenia un cabezal que había pertenecido a la emperatriz Carlota de México y el colchón era de la pluma más suave.

Eyre también narra las experiencias sexuales previas de ambos: "Él era ducho en amores, había tenido relaciones sexuales desde que era casi un niño. Tenemos constancia de que a los 18 años mantuvo sexo completo con la ardiente condesa Olghina de Robilant en el incómodo asiento trasero de un Volkswagen". La griega, por el contrario, "era una especie de monja", según contaban los amigos del príncipe. Así pues, la joven Sofía llegaba virgen a la boda "y quizás incluso más allá", apunta la periodista.

Los reyes eméritos, doña Sofía y don Juan Carlos
"Los reyes eméritos, doña Sofía y don Juan Carlos"

Detalles en una carta

A pesar de que el matrimonio nunca se ha pronunciado sobre aquella noche, sí que se han podido conocer detalles gracias a la reina Victoria Eugenia, abuela de Juan Carlos I, por medio de una carta dirigida su prima Bee, abuela de Ataúlfo de Orleans. En el escrito, la monarca relata que el rey se rompió la clavícula un día antes de la boda por practicar kárate con su cuñado, teniendo que llevar el brazo escayolado, por lo que, apunta la abuela, la noche de bodas no habría pasado nada.

"Cuando llegaron al barco se dieron cuenta de que el yeso se había pegado a la piel y tenía el hombro en carne viva, apenas podía moverse. Sofía se pasó la noche arrancándoselo, centímetro a centímetro. Tenía dolores horribles, daba alaridos...", aseguraba.

Tras este episodio, parece que pasó un largo tiempo por el que la pareja no llegó a intimar. La primera crisis llegó cuando Juan Carlos se reencontró con un pasado amor portugués, por lo que la princesa, enfadada, se fue de Estoril a Atenas a refugiarse en brazos de su madre. Cuando fue ingresada en un hospital, la prensa griega especuló que podría tratarse de un aborto a causa de los disgustos que le daba don Juan Carlos, del que estaría al borde de la separación. El Parlamento griego incluso, narra Pilar Eyre, solicitó que, si era el caso, se devolviera la dote que se le había entregado por su boda. Acto seguido, el ahora rey emérito se dedicó un poco más en su matrimonio, del que nacieron tres hijos (Elena, Cristina y Felipe) para cumplir con sus obligaciones dinásticas, aunque la crisis en su matrimonio siempre perduró.

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