¿Debe dimitir Pablo Iglesias? La necesaria refundación de Podemos

¿Debe dimitir Pablo Iglesias? La necesaria refundación de Podemos

El partido morado, que nació con ilusión aunando el descontento social, se descompone a pasos agigantados.

"El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto", así abría Pablo Iglesias la Asamblea de Vistalegre I, lo que nunca supuso el líder morado es que esta frase se volvería en su contra tan solo cuatro años después. No solo no ha tomado el cielo, ni por consenso ni por asalto, sino que está conociendo en primera persona lo que significa tocar fondo. Poco queda ya de aquel carismático y estratega líder que recogió el descontento del 15-M y lo institucionalizó para ir contra el establishment, del que ahora forma parte cómoda y felizmente; su grito de guerra contra la casta, el famoso "¡Sí se puede!", ya es historia y duerme, junto a otras proclamas incendiarias, el sueño de los justos.

Podemos, en menos de tres años, se ha dejado por el camino 2.800.000 votos, ha pasado a la irrelevancia en numerosas Comunidades Autónomas y, lo más sangrante de todo, ha perdido el tirón en las grandes ciudades, aquellos Ayuntamientos que fueron llamados "Ayuntamientos del cambio"; tan solo Kichi, Alcalde de Cádiz, ha aguantado el tirón, ha mejorado resultados y ha tocado con la punta de los dedos la tan ansiada mayoría absoluta, el punto negativo es que éste decidió alejarse de Podemos e Iglesias para engrosar las listas de Adelante Andalucía, capitaneado por Teresa Rodríguez, partido que ha mejorado resultados en numerosos municipios andaluces.

¿Qué te pasa Pablo? Esa es la pregunta que deben hacerse los desencantados inscritos a Podemos. Ya no ven fiereza en la mirada del líder, sagacidad en las garras ni encanto de brujo en sus discursos; Pablo ya no es lo que era, ahora solo es un político que se desdibuja con el paso del tiempo. El análisis que hicieron de sus catastróficos resultados electorales bien merece un artículo entero, porque me niego a creer que un politólogo sabio y preparado sea incapaz, salvo por ceguedad, de articular de forma serena y sensata la autocritica necesaria para diagnosticar el problema. Lejos de esto, Iglesias y su séquito, han decidido echar balones fuera, decir que defender a los necesitados con verdades como las críticas a Amancio Ortega no vende, o que las traiciones -piensen todos en Errejón y Carmena- han abierto la caja de pandora, pero no, ellos, los líderes morados, no han hecho nada mal.

La situación actual de Podemos recuerda mucho a aquellos años convulsos en los que el PCE de Carrillo empezaba a ser un grupo de militantes utópicos que cada vez se alejaban más del sentir social del pueblo, inmiscuidos en mil batallas internas y debates soporíferos sobre las numerosas corrientes internas que intentaban cohabitar en el seno de un partido que tuvo más tirón en la clandestinidad que en la batalla política de la Transición. En Podemos ya no hay -si es que alguna vez lo hubo- sentimiento de pertenecer a un partido abierto, asambleario, en el que todo se decidía por los inscritos. Tras Vistalegre II y la fratricida guerra entre Iglesias y Errejón, el partido adoptó una cultura militante, en la que la cerrazón pudo más que el análisis crítico y realista, también decidieron centralizar el poder en Madrid y en la mesiánica figura de su líder, algo que choca con el concepto de España plural que dicen tener.

¿Refundación de Podemos?

Pablo Iglesias, líder de Podemos "Pablo Iglesias, líder de Podemos"

La gestión de las expectativas fue, es y será siempre pésima, desde el perseguido pero imposible por irreal sorpasso al PSOE, hasta la reciente bravuconada de asegurar que no tienen miedo a una repetición electoral, afirmación que se debe mas a la testosterona que a las neuronas. Podemos tiene heridas en todos los frentes, Más Madrid apuesta por convertirse en un partido nacional, aunando a EQUO y otras formaciones de izquierda que buscan ser más útiles que idealistas; Carmena, baluarte de una gestión sensata y moderada, ya no quiere saber nada de Podemos; Errejón, siempre hábil en el contraataque, apuesta por una izquierda menos escorada y que recoja mejor el sentir social.

¿Hay espacio político entre el PSOE y PODEMOS? Sí, se ha visto en las elecciones de la Comunidad de Madrid, donde Errejón ha aplastado sin piedad a Isa Serra, candidata de Unidas Podemos; entre la socialdemocracia y la izquierda radical hay espacio para un partido Green, siguiendo la tendencia de otros países, donde se han convertido en fuerzas decisivas para formar gobiernos.

La última carta que le queda a Pablo Iglesias es mendigar un ministerio a cambio de sus votos para investir a Sánchez, pero en la situación de extrema debilidad en que se encuentra, no lo tendrá fácil; pero no nos lleven a equívocos, esto supondría intentar tapar el sol con un dedo, taponaría la herida de forma momentánea pero no frenaría la descomposición de un partido que ya solo puede mejorar si cambia de líder, de táctica, de argumentario y de posición ideológica o, lo que es lo mismo, si deciden refundarse en un hipotético Vistalegre III y adelantar al amenazante líder que ya calienta por la banda, Íñigo Errejón. No lo tendrán fácil, las sonrisas de Íñigo y Manuela esperanzan más que las de Pablo e Irene, cosas del destino o, más bien, del la congruencia entre decir y hacer.

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